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07 Octubre 2005
63. Mi inmadurez sentimental. INT./NOCHE

Sonia Blanco ha escrito una reseña de "Vuelco" en su blog de cine en Espacio Fílmica. Meses atrás, a raíz de la publicación de la nota de prensa sobre el rodaje, Sonia manifestó su interés por ver el corto, y hace poco le envié al fin una copia en DVD. La crítica no está mal, pero su autora me llama algo así como "inmaduro sentimentalmente hablando"...
Sonia escribe al final de la reseña:
"No recuerdo quién dijo algo como que la juventud es una enfermedad que sólo cura el tiempo. Un handicap que se encuentran muchos cortometrajistas jóvenes es precisamente ése, la falta de experiencia vital a la hora de interpretar un determinado momento.
La infancia, la adolescencia, el primer amor, el primer desengaño... Todo ello es algo cuya percepción personal va cambiando a través de los años y no podemos valorar igual a los veintitantos, a los treintaitantos o a los taitantos.
Por eso a veces cuando un guionista joven pretende hablar de emociones y sentimientos, siempre me queda la sensación de que su visión es sesgada, una visión que aún no está completamente asimilada, y que como lo buenos vinos, ganará con el tiempo. Por eso a veces echo en falta en el mundo del cortometraje historias más sencillas, que no por ello son menos complejas de contar y plasmar".
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Sé que "Vuelco" es un corto deliberadamente ingenuo e infantil, en el que se muestra una visión extrema, tontita e idealizada de los sentimientos amorosos no correspondidos, pero me sorprende que alguien determine, a través de su guión y sus imágenes, el alcance de mis experiencias vitales...
Vale, que soy un pánfilo y un inmaduro, lo asumo, pero ¿por qué "Vuelco" muestra una visión sesgada y no del todo asimilada de las emociones y los sentimientos? ¿En qué diablos consiste una visión completa de asuntos tan intagibles, personales, subjetivos, variables, irracionales? ¿Quién te dice cómo es correcto experimentar o evocar un sentimiento? ¿Acaso existe algún manual de instrucciones al respecto? Sonia, ¡explícanoslo!
No sé, no tengo nada contra la crítica en sí porque en general es muy generosa y doy las gracias por ello, pero estos citados párrafos me han hecho pensar un rato: tres minutos y doce segundos para ser concretos. En el fondo, agradezco a Sonia que hable desde su madurez y que me aclare y asegure que, con los años, la enfermedad se curará, que este constante deambular entre el cielo y el infierno no es eterno y que el desequilibrio de ahora se convertirá en serena y asimilable estabilidad futura.
Menos mal, porque, por momentos, da la sensación de que esto será así siempre y, por lo que yo mismo vivo y veo entre mis amigos, casi no me queda duda alguna de que eso del amor y los sentimientos sólo genera desasosiego, dolor, pesadumbre, comecocos, mortificación, inseguridad, nudos en el estómago, pasos en falso, crueldad, indecisión, lágrimas, múltiples complejos y nubarrones negros. ¿A qué edad exactamente se cura la enfermedad? ¡Que yo ya tengo canas! Bueno, también sigo teniendo acné...
A todo esto, "Vuelco" se proyectará el 12 de octubre a las 22.30 horas en el Cine Estudio del Círculo de Bellas Artes de Madrid, dentro de la Sección Oficial del Festival MadridImagen 2005. Allí estaremos si os queréis pasar.
Y, aunque no viene mucho a cuento, acabo de recordar el final de "Las horas", la peli de moda para Cucún, que la vio hace apenas unos días. ¿También le dijeron a Virginia Woolf que los sentimientos son sencillos y llevaderos?
En cualquier caso, en "Las horas" sí que parece que Woolf termina llegando a conclusiones sensatas y no demasiado complicadas, a tenor de la carta que deja a su marido antes de hundirse en el río y cuyas palabras pronuncia Nicole en off al final de la película, mientras suena la música de Philip Glass:
Querido Leonard:
Mirar la vida a la cara. Siempre hay que mirarla a la cara. Y conocerla por lo que es. Así podrás conocerla, quererla por lo que es. Y luego, guárdala dentro... Leonard, guardaré los años que compartimos, guardaré esos años... siempre. Y el amor... siempre. Y las horas...
Pues eso. A guardar las horas compartidas...
FUNDIDO A NEGRO
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