26 Septiembre 2005

58. El encuentro del desencuentro. EXT./DÍA



"A veces creés que encontrás a la persona ideal, pero después resulta que no es para vos... o que no llegás a tiempo", dice Abril en "Entre Abril y Julio", la película de Aitor, que al fin he podido disfrutar. En la foto de arriba aparece la actriz argentina Marina Seresesky, que interpreta a Abril.

Enhorabuena, Aitor. No esperaba una peli tan descarnadamente sentimental, tan valientemente romántica, tan poco temerosa de resultar cursi. Y eso me ha gustado mucho, me ha creado una empatía inmediata con el cine que haces. "Entre Abril y Julio" es una historia muy sencilla que no busca la originalidad, pero está narrada con desprejuiciada pasión, contagiosa complicidad y consecuente compromiso. Y se nota, y cuando eso ocurre, da igual el precario presupuesto con el que cuentes.

Abril y Julio son dos personajes con el nombre de dos meses separados por mayo y junio. Abril y Julio, por tanto, pertenecen a estaciones diferentes, también a países diferentes; no están destinados a encontrarse pero se encuentran... "Quizás es que estoy cansada de desilusionarme", le dice Abril a su padre. "Si te desilusionas es porque antes hubo ilusión. Nunca pierdas la esperanza de encontrar a tu amor. No hay que inventarlo. Está ahí fuera", responde su padre.

Ilusa esperanza

Con apariencia de cálida comedia netamente romántica donde lo previsible se vuelve deseable, "Entre Abril y Julio" es de esas películas que no es recomendable ver a los veintisiete años, porque los temas que toca te salpican a ratos de forma incómoda: la edad que acucia, el momento de la vida en que se supone que uno debe encauzar no sé qué camino, la necesidad obsesiva de encontrar a la persona perfecta, el amor llevado al altar... Se agradece, por eso, la clara apuesta que el guión hace por la ilusa esperanza y el ansiado optimisto. Todo irá bien, ya aparecerá alguien, o eso nos dice Aitor. Je.



"Entre Abril y Julio" es también una historia sobre casualidades sincrónicas, sobre desencuentros que se encuentran, sobre rebuscadas maneras de conocer a la persona que esperas, sobre la mágica conexión que de repente surge entre dos desconocidos, sobre manuales de instrucciones escritos en cartas que sólo deben entregarse al destinatario adecuado...

Y me gusta mucho el trabajo de los actores. Javier Albalá es un tío que me cae genial y que siempre consigue componer personajes con mucha carne y mucho hueso como si no le costara trabajo alguno. También lo hacen muy bien Marina Seresesky, Roberto Enríquez, interpretando a un calzonazos gangoso, y Pilar Punzano, en la piel de una especie de versión morena de Terelu (que Pilar no me odie, pero es que en esta peli se parece muchísimo, físicamente incluso, a la gran Terelu).

Es el personaje de Punzano el que simboliza otra concepción mucho menos mágica de las relaciones amorosas: ella es la churri pija, trepa y frívola dispuesta a pillar el mejor cacho sin que los sentimientos, la química o la magia intervengan demasiado en sus decisiones. Cuc y yo hemos hablado mucho últimamente de este tipo de chicas...

Miradas esquivas

Una de mis secuencias favoritas de "Entre Abril y Julio" es la del primer encuentro cara a cara de Abril y Julio. Te identificas muy fácilmente con lo que ocurre porque el guión es muy certero a la hora de recrear un primer encuentro entre dos personas que se conocen pero no se conocen: movimientos incompatibles, miradas esquivas, silencios incómodos, comentarios estúpidos, palabras que se pisan las unas a las otras, chistes malos y desafortunados... También me encanta el diálogo entre Punzano y Albalá justo antes de que ella se case, porque está repleto de poderosas connotaciones sobre las vidas que no vivimos.

En fin, Aitor, enhorabuena de nuevo y gracias por enviarme el DVD. Tío, vas a arrasar con "Little big apple". Mucha suerte.

Pizzas quemadas

Y yo aquí sigo, agradeciendo que el cine de Aitor me insufle un poco de esperanza en estos días de vueltas concéntricas por Vallecas, de ponernos malísimos, de secretos revelados en terrazas de poca monta, de libros marcados con viejas entradas de conciertos de Roxette, de pizzas quemadas y recalentadas a las seis de la mañana, de colillas que flotan en el agua del retrete, de palabras no pronunciadas, de despedidas al borde de una escalera mecánica, de vales por un abrazo...

Transcurren, en definitiva, días extraños, repletos de sentimientos sin nombre.

FUNDIDO A NEGRO