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20 Septiembre 2005
55. El chavalito de la silla. INT./DÍA

Hoy me han vuelto a sacar sangre. En la foto, mi musculado brazo minutos después de la extracción. Lo malo es que esta mañana no le tocaba trabajar a mi extractora de sangre favorita, una chica joven, rubia y bastante guapilla que siempre me mira y me sonríe mientras la sangre sale de mi vena rumbo al tubito. Es romántico... y un poco gore. Podría enamorarme de ella y provocar una tormentosa historia de pasión intravenosa, litros de hemoglobina y amor no correspondido. "Amor en vena" se titularía el guión.
Habrá que esperar para ello, porque esta mañana no encontré ni rastro de su tranquilizadora sonrisa y encima me tocó sufrir una larga cola en una insulsa sala de espera, rodeado de reproducciones de cuadros de Gauguin en las paredes y de gente con cara de mala leche y vasos llenos de pis entre las manos.
Aburrido, me dediqué a comparar los distintos vasos al alcance de mi vista. A quién le importa la pintura neoimpresionista de Gauguin cuando hay vasos de pis que comparar... Los pises (¿se dice "el pis" o "la pis"?), en general, eran de un amarillo normal tirando a intenso, pero había una señora gorda con un pis realmente oscurísimo. Sintiéndolo mucho, no le auguro nada esperanzador al diagnóstico de esa señora.
La importancia del pis
Pero es que parece que si no llevas el vaso de pis, lo tuyo no es serio. En la sala de extracciones de un hospital, el pis te proporciona respeto como paciente. "¿Traes orina?", me preguntó una enfermera, allí delante de todo el mundo, como si preguntara qué hora es... Creo que no estoy preparado para ese tipo de preguntas a las ocho de la mañana. "No, no, orina no", respondí rápidamente.
Y entonces, desde la cola, escuché: "Que pase el chavalito de la silla". Gracias por lo de "chavalito", pero en fin... La voz era de un señor cincuentón y despeinado, con pinta de haberse jalado media botella de ron en el desayuno y de no disponer, a causa de ello, de un pulso precisamente fino.
Este nuevo y poco delicado extractor me buscó una vena medianamente consistente en mi flaco brazo y, sin echarme un poco de alcohol ni nada (seguro que no quedaba alcohol porque él se lo había bebido todo), clavó la aguja sin compasión... "No sale", observó cuando, segundos después, la sangre seguía sin circular por el tubo. "Ah, ahora sí", dijo en cuanto la sangre comenzó a salir... Esto no es serio. Tras sacar la aguja, me cascó sobre el agujero una buena ración de algodones y esparadrapos dobles. "Para que puedas conducir bien el carro", concluyó muy orgulloso el despeinado señor. ¿El carro? ¿El de Manolo Escobar?
Es raro eso de largarte y dejar allí tu sangre almacenada en tubos etiquetados con códigos de barras... Además, seguro que esta vez en los resultados de la analítica me aparece de todo: el colesterol por las nubes, ácido úrico a tutiplén, pepinillos en abundancia...
Es que Cucún y yo almorzamos ayer en un Burger King. "No seas paranoias, tu cuerpo ya ha eliminado el Big King", me aseguró Cuc esta mañana cuando me llamó para contarme que ha aprobado como un campeón, y como el empollón que en realidad es (je), las dos asignaturas a las que se presentó la semana pasada.
Que no, Cuc, tú serás casi un médico, pero yo noto que el Big King sigue dentro de mí... Ya me imagino al doctor dentro de una semana diciéndome algo como: "Te advertí que dejaras los pepinillos".
Otro retrato
Cambio de tema y cuelgo a continuación un dibujo que me ha hecho Miguel a partir de una foto del rodaje de "Vuelco". Miguelito se picó con el retrato que me dedicó Cucún, y decidió demostrar su habilidad con el lápiz, que yo desconocía.

Miguel dice que últimamente ya no le cuento nada, y que de personaje estelar ha pasado a convertirse en un simple extra en la teleserie de mi vida. Pero no es verdad. Puede, eso sí, que, de un tiempo a esta parte y pese a lo que parezca, el hermetismo se haya puesto más de moda que nunca.
Aún así, Miguel elabora distintas y delirantes teorías a raíz de lo que lee en este diario. Sostiene que me he liado con la mitad de las y los que aparecen en estas líneas. Lo que hay que oír... Consultaré con mis abogados por si este tipo de injuria es querellable. En los juzgados de Plaza de Castilla nos veremos.
Ya me siento como un cutre famoso con esto de "mis abogados". Ja. ¿Es que ningún famosillo tiene solamente un abogado? ¿Para qué hacen falta más? Seguro que ahora hay paparazzis en mi puerta... Ya lo estoy viendo. Cuando salga, me acosarán a preguntas. "¿Traes orina?", me preguntará un reportero del "Tomate"...
FUNDIDO A NEGRO
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