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18 Septiembre 2005
54. Himno a la alegría. EXT./DÍA

Arriba, una foto tomada directamente a mi televisor. Christian ha comenzado una nueva etapa como presentador en el programa "Luar", de la Televisión Gallega. Copresenta la sección "Canteira de cantareiros", un espacio que descubre a nuevos cantantes y en el que el propio Christian resultó vencedor hace ahora dos años.
Por lo poco que pude ver, el programa este de "Luar" es larguísimo y, todo hay que decirlo, bastante infumable (con todos mis respetos, je), así que se agradece mucho el rato en que Christian aparece en pantalla con su soltura y desparpajo habituales. Definitivamente, no le imponen lo más mínimo las cámaras y lo hace realmente bien. Enhorabuena, tío, y mucha suerte con lo que viene.
La suerte del madrugador
En sus madrugadores días de exámenes y estudio, Cucún me ha contado que ayer sábado a las seis y media de la mañana pilló un trozo de "Sensación de vivir" en Tele Cinco. No tenía ni idea de que volvían a emitir la serie a esas horas en las que toca rellenar parrilla con lo que sea...
Tele Cinco maltrató mucho las desangeladas últimas temporadas de la ya legendaria "Beverly Hills 90210", y yo les perdí la pista a los capítulos, que ahora ni siquiera están disponibles en eMule, y me quedé sin ver el final de la serie... La cuestión es que Cuc me ha descrito por encima la escena con la que se topó mientras desayunaba. "Donna y David se estaban casando", me dijo.
Sin saberlo, Cucún ha visto parte del último y definitivo episodio de "Sensación de vivir", el número veinticinco de la décima temporada, en el que una ya desvirgada Donna se casa por fin con el bobalicón de David.
Acabo de comprobarlo en una guía de televisión. El capítulo que Tele Cinco emitió ayer sábado se titulaba "Un himno a la alegría", traducción del inglés "Ode to joy", que es justo como se titula el desenlace de la serie... Qué capullo, Cuc, qué suerte tienes. Ya me podías haber llamado para despertarme y compartir un momento tan mítico.
La degeneración de un clásico
"Sensación de vivir" es uno de los ejemplos más brutales de cómo una serie puede degenerar a fuerza de traicionarse a sí misma con renovaciones de temporadas e innumerables cambios de casting. Evidentemente, el declive comenzó con la marcha de Brenda a París. La pobre Brenda se piró y nadie la echó de menos. Es lo que tienen estas series cuando desaparece un actor, que luego es como si nunca hubiera existido. Sólo recuerdo que, en un episodio posterior, su madre comentó con desdén algo como "ha llamado Brenda desde París" y en seguida cambiaron de tema. Hay que ver, qué mala madre la Cindy Walsh...
El colmo llegó cuando, poco antes de que Dylan cumpliera los treinta y cinco años, concluyó la época del instituto con la imprescindible ceremonia de graduación y las togas azules. Empezó la era universitaria y definitivamente todo se volvió un rollo irreversible. Mis recuerdos como espectador se difuminan a partir de entonces...
La zorrona de Tiffani-Amber Thiessen animó ligeramente el cotarro con sus morritos de chica mala, sus camisas marca-pezones y su escandalizadora afición a fumar porros, pero poco podían hacer ya los desganados guionistas. Me acuerdo de tramas sueltas infernales, como cuando Andrea Zuckerman, ya hecha una antifotogénica señora obesa, le ponía los cuernos a su marido o cuando Dylan se buscó una novia relacionada con la mafia. Un desvarío.
Los nuevos peinados
Sí que he encontrado en eMule la careta de arranque de la séptima temporada, que no sé qué pinta perdida en la red, pero resulta que se puede bajar. Una nueva temporada suele ir acompañada de algunos cambios en esta careta del comienzo de cada capítulo. Y, mientras se sobreimpresionan sus nombres, los actores aparecen ante la cámara con nuevas y sofisticadas poses, estilosos atuendos de moda, ridículas miraditas y deslumbrantes peinados.
A veces, también se cambia un poco el grafismo o el tema musical (no en el caso de "Sensación de vivir", que siempre mantuvo su inconfundible y estruendosa sintonía) por aquello de transmitir más intensamente la sensación de que todo es nuevo. Olvida lo visto hasta ahora. Cada temporada debe superar a la anterior o no merece existir.
En los créditos de la séptima temporada ya no aparecen ni Luke Perry (que regresaría después), ni Gabrielle Carteris ni los padres de Brandon y Brenda (en mi colegio había una niña repipi que decía "Brandon y Brendan"), así que la palma se la lleva sin duda... ella, esa mujer, Tori Spelling, encarnación mundial del más descarado enchufismo, hija de papá por antonomasia, mona vestida de seda en grado sumo...
Yo siento debilidad por Tori, me cae bien y hasta le encontré en su día un estimulante lado morboso. Atención al careto que pone la talentosa actriz al ritmo de la sintonía...

Eso sí que es una forma de posar junto a tu nombre y lo demás es falta de profesionalidad. ¡Quiero enviarle un guión a Tori! Voy a probar a añadir al Messenger la dirección torispelling@hotmail.com, a ver si es ella su dueña... Sueño con el momento en el que de mi barra de tareas emerja una ventanita en la que pueda leerse "Tori acaba de iniciar sesión". Ya os contaré.
Vallecas 90210
En Vallecas, la nueva temporada también progresa adecuadamente, con tramas interesantes, personajes que dan juego y correctos índices de audiencia. Aunque yo aún voy en manga corta, Cuc no quiere ser menos que Tori y, mientras se consolida como personaje esencial, ya ha estrenado la moda de otoño, algo que se aprecia en la siguiente imagen, en la que luce un jersey a lo "abeja Maya". Je.

Es que es verdad, ¿por qué a nadie se le ha ocurrido hacer la versión vallecana de "Sensación de vivir"? Yo sería el protagonista: el chico inocente recién llegado desde Minnesota (en mi caso, Lanzarote) dispuesto a integrarse entre los latin kings (equivalentes a los pijos de Beverly Hills) y a liarse con una teñida churri a lo Belén Esteban (que vendría a ser como Kelly).
Eso sí, me pregunto cómo se titularía el último capítulo de "Vallecas 90210". "Un himno a la alegría" seguro que no.
FUNDIDO A NEGRO
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