06 Septiembre 2005

48. La línea de la vida. EXT./NOCHE



En la foto, Cucún muestra las líneas de su mano izquierda. "Una amiga me dijo que, si eres virgen, la mano que hay que leer es la derecha, pero si no lo eres, te tienen que leer la izquierda", me comentó Cucún. "¿Y eso por qué?", pregunté. "No sé, mi amiga lo leyó en Super Pop", respondió él como si nada. Ante este brutal y aplastante argumento de autoridad (cuánta sabiduría nos ha aportado a todos esa gran revista llamada Super Pop), no me quedó más remedio que leerle la mano izquierda...

Cuestión de líneas

No tengo ni puta idea de quiromancia, las cosas como son. Y realmente me parece una monserga como otra cualquiera, pero hace tiempo investigué un poco sobre ello para escribir un guión de un corto titulado "Sofía en el jardín". En este guión, la protagonista es una joven experta en lectura de manos que se topa con un tipo ansioso de que le cuenten monsergas que aporten algún sentido a su vida. Y ella lo hace...

"Eh, tu línea de la vida se corta a la mitad", le aseguré a Cucún. Qué buen rollito... "¿Pero ésa es la línea de la vida o es esta otra?", preguntó él ligeramente preocupado. En fin, tranquilo, tío, que no tengo ni pajolera idea. Ojalá yo fuera capaz de creer un poco más en este tipo de videncias, o como se llamen, o en eso de los signos del zodiaco y las compatibilidades que provocan entre las personas. Qué memez.

Y es que me flipa la peña que se escuda en su signo para afirmar que su carácter es de una forma u otra. "Pues yo, como buena Libra, soy cabezota, orgullosa y pienso mucho en mí", me dijo hace tiempo una mala influencia de cuyo nombre no quiero acordarme. Tú eres una capulla y punto; deja de echarle la culpa al día de tu cumpleaños. En cuanto a mí, soy inseguro, plasta y un poco gilipollas... Así que ya me diréis el favor que le hago a los Aries como yo...

Mi fallida experiencia esotérica

Recuerdo que cuando acabamos COU, Germán y yo decidimos visitar a una vidente que vivía en un pueblo perdido de Lanzarote y que se había hecho popular en la isla por su alto grado de aciertos. Creo que la mujer leía las cartas y yo quería preguntarle sobre cómo sería mi vida en Salamanca, si cumpliría mi gran sueño de convertirme en director de cine... Qué pardillismo el mío, me está dando hasta vergüenza contar esto.

Mis padres nos llevaron en coche, y en el camino nos perdimos y dimos unas cuantas vueltas que deberían habernos servido para recapacitar sobre la absurdez de aquella delirante idea. Cuando llegamos, la vidente no estaba en su casa... Germán y yo la esperamos durante un rato en la puerta, pero no apareció.

Menos mal, quizás no me habría gustado nada lo que aquella mujer pitonisa me iba a decir. Seguro que se habría fijado en mi habitual cara de susto y habría aprovechado para profetizarme todo tipo de nubarrones negros. Y lo peor es que habría tenido razón, casi como ocurre en el capítulo diez de "Lost (Perdidos)", uno de mis favoritos, ése en el que la embarazada Claire visita a un vidente y se enfrenta a la fatalidad de su destino...

Jennifer y el agua negra

Hablando de destinos fatales, el sábado Cucún y yo pagamos entrada por el remake americano de "Dark water". Me apetecía mucho ver esta primera y peculiar experiencia estadounidense de Walter Salles, ya que cuando saltó la noticia de que el director de "Diarios de motocicleta" se haría cargo de este proyecto, aluciné un poco. También me estimulaba la simple presencia de Jennifer Connelly, artífice de los mejores y más brutales primeros planos que una cámara puede filmar hoy en día.



A mí la "Dark water" japonesa ni me va ni me viene. La vi con un doblaje horrible y me dejó tan frío como el otro sobrevaloradísimo rollo nipón de Hideo Nakata: "The ring". Sin ánimo de sonar cutremente pro-Hollywood, esta versión de Salles es otra cosa. Primero es un desasosegante deleite visual, con una fotografía que envuelve, deprime y perturba, y con una dirección artística que inquieta desde el primer momento y casi consigue que te salpique y te pringue ese agua negra y sucia que cae del techo y de los grifos. Después, lo más sorprendente en la película es su escasa cantidad de efectismos casposos destinados a sobresaltar fácilmente al espectador; la peli tiene apenas tres o cuatro sustos de verdad, muy bien colocados en el relato y por ello muy eficaces.

Y, sobre todo, esta "Dark water" es una estremecedora historia sobre desarraigos y soledades, sobre cómo influye en tu vida la presencia o la ausencia de una madre, sobre la angustia que supone parir un hijo y estar a la altura de lo que se espera de ti... Jennifer se sale en su rol de joven y torpe mamá eternamente pálida, más atormentada por el hecho de que su progenitora la abandonara y por sus propios y terribles fantasmas que por la asquerosa gotera negra que se extiende por el techo de su apartamento. Y encima la chica está muy bien rodeada por unos secundarios muy consistentes, como el abogado al que interpreta Tim Roth o el casero al que encarna John C. Reilly.

Dos minutos después de que arrancara la peli, Cucún predijo el final y casi acierta... Ajeno al argumento de la versión japonesa, durante unos segundos incluso creyó regodearse en su acierto, si bien, en ese momento, a "Dark water" aún le faltaban sus diez últimos y espeluznantes minutos...

A Cucún le gusta adivinar finales, pero él mismo constituye un personaje un tanto imprevisible, capaz de provocar un desenlace de cualquier tipo. "¿Tú qué querías ser de pequeño?", le pregunté no hace mucho. "Yo, de pequeño, simplemente no quería ser", contestó. En fin, habrá que permanecer a la expectativa... o mirar mejor en la palma de su mano.

FUNDIDO A NEGRO