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01 Septiembre 2005
47. El final del verano. EXT./DÍA

Es septiembre y el mundo resucita. Se supone que todo vuelve a la repulsiva normalidad y que ya no hay excusas para vaguear con eso de "es que es agosto" o "el verano es para descansar un poco". Qué rollo.
El comentario capullo que me hizo Cucún después de ver "Vuelco", eso de que Nacho en bicicleta le recordaba al mítico Piraña en la sintonía de "Verano azul", consiguió picar mi curiosidad, y el otro día decidí bajarme un episodio de la tan repuesta serie de Antonio Mercero para revisar esos famosos planos de los actores pedaleando y silbando al son de la muy irritante musiquilla.
Creo que nunca me he tragado "Verano azul" en su totalidad o de forma cronológica. Sólo recuerdo decenas de retazos de capítulos vistos en una reposición o en otra, en un verano u otro de mi vida, siendo yo un niño, un adolescente o lo que quiera que soy desde que la adolescencia me abandonó. Sí que me acordaba más o menos vívidamente, sin embargo, de la secuencia final de la serie, la de la despedida entre Pancho y Julia, así que, con ganas de volver a ver precisamente ese momento, me bajé el último episodio, el número diecinueve, titulado "El final del verano".
A día de hoy, el encanto de "Verano azul" está por encima de su tosca planificación y su rudo montaje, de esos zooms espantosos y propios de la época, de la robótica actuación de muchos de sus jóvenes actores... Revisando este último capítulo me di cuenta de que la imperecedera emoción de una serie como ésta procede de rincones más intangibles y menos localizables a primera vista. Y eso es lo más complicado de conseguir. Pero es que, de todos modos, creo que a mí me pueden estas historias ambientadas en veranos, condenadas a finalizar con abrumadoras secuencias de despedidas y con vidas cambiadas para siempre. En la foto de arriba, los chicos de "Verano azul" pedalean en el plano general con el que concluye la sintonía.
A lo mejor, y si lo pienso, Cucún no iba tan desencaminado a la hora de comparar "Vuelco" con "Verano azul", puesto que el corto es también una pequeña historia de verano y despedidas. Eso sí, como se demuestra en la siguiente doble imagen, Cucún chochea y su estrambótica y concreta comparación resulta especialmente odiosa.

Semanas antes de comenzar la filmación de "Vuelco", nos dimos cuenta de que la localización que habíamos elegido en Tenerife sufría temibles cambios de clima de un momento a otro y que había muchas posibilidades de que este factor nos jodiera el plan de rodaje. Ubicado en una zona muy alta de la isla, es fácil que en el Llano de la Laguneta de repente comience a correr un fuerte viento o que su cielo se nuble rápidamente, algo que en aquel momento me descompuso los nervios.
"Pues elegimos otro vestuario para los actores y ambientamos la historia en otoño", señaló Ana con su mente de productora siempre en busca de las soluciones más eficaces. "No, la historia ocurre en una tarde de finales de verano, eso es muy importante", insistí yo. "¿Y por qué?", preguntó Ana. "Pues... porque la vida de mucha gente cambia cuando acaba el verano", contesté. Supongo que este argumento que defendí suena patético y fantasioso y ni yo mismo termino de creérmelo, pero por suerte conseguimos sobrevivir a las imprevisibles condiciones climáticas de la localización, y "Vuelco" es finalmente una historia que transcurre en una de las últimas tardes de un verano cualquiera.
Despedidas dramáticas
Lo reconozco, tanto en la realidad como en la ficción, soy adicto a las despedidas dramáticas, sobre todo si tienen lugar al final del verano. En mi futuro largometraje habrá unas cuantas... Me apasionan demasiado las palabras que no pronunciamos al despedirnos, los abrazos y besos que no somos capaces de dar, los coches que se alejan mientras alguien te contempla desde la ventanilla trasera preguntándote con su mirada cómo sería tu vida si esa despedida no se hubiera producido. Y suena la música. Y los ojos se humedecen...
Mi vida no ha cambiado mucho este verano, no más de lo justo. Y creo que no me he despedido de nadie en estos meses. Bueno, sí, de Froid cuando se marchó a Benidorm, aunque no resultó demasiado cinematográfico:
FROID
Bueno, tú, que te den.
YO
Que te den más a ti. Y que bailes mucho "Los pajaritos" de María Jesús y su acordeón, que creo que en Benidorm es la eterna canción del verano...
FROID
Te odio. Ojalá te salgan más granos.
Por cierto, Froid está de vuelta en Madrid, con nuevos bríos de destrucción. Ha regresado con un renovado odio hacia el ser humano y dice que si vuelve a escuchar la canción esa de "Gasolina", cogerá una escopeta y se irá al Retiro a disparar a diestro y siniestro a quien pille, como Dylan Baker en "Happiness". Además, je, yo he agravado su ira provocando que hace un par de días fuésemos al cine a ver esa peli española, "La noche del hermano", que nos horrorizó a ambos...
Retomando asuntos más emotivos, "Verano azul" termina con Julia marchándose de Nerja en un taxi mientras el Dúo Dinámico canta "El final del verano". Julia, interpretada prodigiosamente por una María Garralón a la que Globomedia aún no había convertido en la chacha habitual de sus series, ordena al taxista que se detenga cuando ve a Pancho a través de la ventanilla. Y Julia pide a un orondo guardia civil, Barrilete, que entregue al chico un lienzo envuelto. Pancho desenvuelve el lienzo y descubre que se trata de una surrealista pintura de la pandilla volando sobre el mar junto al barco de Chanquete. Y Pancho corre tras el taxi mientras agita su mano y se despide de Julia... Y ella enjuga las lágrimas sintiendo ya nostalgia por lo que deja atrás... Y el coche se aleja...
Y el Dúo Dinámico continúa cantando:
El final del verano llegó...
y tú partirás...
Yo no sé hasta cuándo...
este amor recordarás...
FUNDIDO A NEGRO
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