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27 Agosto 2005
45. No a las metáforas. INT./NOCHE

La foto fue tomada esta tarde... En ella aparecemos Píter, Sumaya, yo y mi colcha de Ikea. "Tenemos que inmortalizar este momento", afirmó Sumaya contundentemente, pero parece que mi cámara no opinaba igual y se resistió a ello. Las pilas gastadas impidieron que apenas pudiéramos encuadrar la imagen, y sólo sacamos dos fotos antes de que la cámara muriera del todo. Ambas salieron movidas y desenfocadas...
En mi penosa búsqueda de forzadas metáforas detrás de cualquier tontería, puedo interpretar de varias maneras esta reticencia de mi cámara a registrar el inesperado reencuentro de nosotros tres en un mismo espacio (mi piso) y después de más de un año, pero no sé si quiero hacerlo. Creo que debo empezar a ignorar las metáforas cutres... o las que resultan demasiado obvias.
La cuestión es que el detonante de esta inservible fotografía se produjo ayer viernes. Mientras almorzaba con Jesús y Natalia, recibí en mi móvil un mensaje en el que Sumaya me hacía saber que se encontraba en Madrid, de paso hacia Mallorca. "Recomiéndame alguna película para ver en el cine", me decía al final del mensaje.
¿Una peli recomendable? La cartelera apesta... Hace unos días, soporté a duras penas el tedio indiferente que me provocó "Sr. y Sra. Smith" (rebautizada por Froid y su poder de concreción como "Los señores Smith") y, víctima de la pereza, aún no he pagado entrada por esos supuestos títulos indispensables de la temporada estival, como "Sin city" o "Charlie y la fábrica de chocolate".
"No sé, si quieres acojonarte un rato, ve a ver la versión americana de 'Dark water', pero sólo si no has visto la japonesa", le respondí finalmente a Sumaya un rato más tarde, por aquello de contestar algo y sin saber que su fugaz visita a Madrid aún seguiría coleando...
Sumaya de nuevo en Vallecas
Mi sábado comenzó con una llamada de Píter, que ha vuelto a la gran ciudad tras el mes largo de veraneo en su palentino pueblo. "No hay agua en mi casa y huelo a tigre", me contó mientras yo terminaba de despertarme y de abrir los ojos. Lo siguiente lo recuerdo difuso: Píter eliminando su olor animal en mi cuarto de baño, comida a domicilio, Cucún en el Messenger, una llamada... Sumaya, que continuaba en Madrid, telefoneó a Píter a eso de las dos del mediodía. Su avión rumbo a Mallorca no salía hasta las siete de la tarde...
"Dile que venga", le pedí a Píter casi impulsivamente. Y así fue como Sumaya regresó a mi vallecano hogar... Incluso me trajo de regalo unas cuantas latas de Coca Cola Light (hay gente que me conoce bien) compradas en la tienda china cercana a mi piso, la misma que ella y yo solíamos saquear a menudo el año pasado. "El chino me ha reconocido, le he preguntado si se acordaba de mí y me ha respondido que sí", me aseguró orgullosa.
Y, entre bromas, comentarios absurdos y chorradas varias, Sumaya, Píter y yo evitamos los silencios extraños y los recuerdos fatídicos, tanto que casi añoré viejos tiempos y olvidé las razones de distanciamientos, mosqueos y despedidas lapidarias. "¿Y ahora quién duerme aquí?", preguntó ella mirando su antigua cama. "Nadie", contesté.
Antes de que Píter la llevara al aeropuerto, obligué a Sumaya a tragarse "Bailad para mí". "Vaya tratamiento de choque, ¿no?", dijo cuanto terminó el visionado, supongo que refiriéndose al argumento del corto y a su dramático final. Pues eso mismo digo yo con respecto a esta tarde de sábado: que se ha parecido muchísimo a un tratamiento de choque... Qué hartito estoy de las metáforas.
Me gusta / No me gusta
Sumaya y Píter no han sido los únicos que han visto "Bailad para mí" este fin de semana. Cucún también lo sufrió anoche, aunque luego no soporta eso de que le pregunte su opinión sobre tal o cual aspecto. Dice que no sabe de cine y que sus conclusiones sobre una película no van más allá de un simple "me gusta" o "no me gusta"... En esta tesitura de reacciones silenciosas por su parte, no me queda más remedio que escudriñar la expresión de su cara mientras ve un corto u otro, a la caza y captura de la más mínima y significativa alteración de su gesto. Porque, al fin y al cabo, hay muchos tipos de silencios.
"Es angustioso", me soltó en el caso de "Bailad para mí". Y cuando vio "Vuelco", sólo me dijo que los planos del prólogo del corto, esos que muestran a Nacho en bicicleta, le recordaron a las imágenes del Piraña al principio de "Verano azul" y que hasta sintió ganas de silbar la sintonía de tan mítica serie. Cucún es un capullo, pero, aún así, me cae bien. En mi desenfocado fin de semana, él no podía ser menos, así que aquí va su propia ración de desenfoque...

En realidad, Cucún nos tiene tirria a los que nos dedicamos a esto del cine. Dice que vamos de guays por la vida, que nos creemos superiores con nuestro rollo de "soy director", "soy actor" o "vivo para el arte", y que somos repelentes y antilibidinosos. ¿Antilibidinoso yo? Lo que hay que oír...
Menos mal que Cucún me entretiene con sus teorías, sus manuales de instrucciones y sus historias sobre su imperiosa necesidad de abrazar después de follar... "Es curioso, todos hablamos siempre de los polvos que no echamos, pero no de los abrazos que no damos", me comentó ayer. Es verdad. Qué mierda, con lo que joden los abrazos no dados...
Y volviendo a la obsesiva búsqueda de metáforas, acabo de recordar que Cucún y yo nos topamos anoche con Tony Genil en la Estación de Méndez Álvaro. Vaya, me siento alividado, porque, por más que lo pienso, a esto soy incapaz de encontrarle un lado metafórico...
FUNDIDO A NEGRO
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