25 Agosto 2005

44. Huellas efímeras. INT./DÍA



En la foto, Cucún deja su huella de incondicional fan en el muro de los legendarios estudios de grabación de los Beatles en Abbey Road, Londres. Esto ocurrió a finales de julio. "Para ser una pared tan mítica, tampoco se ven tantas inscripciones, quedan muchos espacios donde escribir", le dije a Cucún. "No, lo que pasa es que, cada cierto tiempo, la pared la pintan de nuevo de blanco", me respondió él. Pues vaya, qué decepción, ¿no?

Uno llega allí de lo más emocionado y con grandes ilusiones de posteridad y escribe palabras tan apasionadas y sinceras como "no concibo mi vida sin vuestras canciones" o "engendré a mi hijo el mayor mientras mi marido y yo escuchábamos 'Lucy in the sky with diamonds" y, días después, un desconsiderado y obeso pintor inglés se encarga de borrarte... Eso está muy feo.

Si yo hubiera sido Cucún, habría pasado enormemente de devanarme los sesos pensando qué escribir y habría garabateado algo como "soy Roberto y me encanta que me echen pintura encima" o "vengo de otro país para que usted, señor pintor de brocha gorda, se sienta con potestad para borrarme de esta pared" o, mejor aún, "recuerdo que de pequeño me encantaba colocarme con el olor del típex, así que ahora estoy haciendo realidad un viejo sueño". Además, con esto último no estaría mintiendo... Je.

Cucún no me ha dicho exactamente lo que escribió, pero me pregunto cuánto tiempo permanecerá su efímera huella en esa pared, ese texto tan cuidadosamente escrito ¡con un boli BIC! Sí, sí, un BIC de toda la vida. BIC Naranja escribe fino y BIC Cristal escribe normal... Cucún es el mejor. Él sí que es mítico y no la pared esa llena de garabatos.

De todos modos, este rollo de borrar las huellas que la gente deja me ha hecho pensar un rato (un minuto y doce segundos para ser exactos) sobre la cantidad de brochazos de pintura blanca que yo mismo he aplicado últimamente sobre paredes diversas. Lo peor llega cuando la huella se resiste a ser borrada y hay que echar pintura y más pintura... Ya sé que soy cansino con mis metáforas baratas.

Contando nubes... dos años después

Cambiando de tema, ayer me reencontré con Bernabé tras dos años sin vernos. En los últimos meses, él viaja a menudo desde Sevilla a Madrid porque aquí vive ahora su novia y porque un médico madrileño se encarga de revisar periódicamente su rodilla. Hace nueve meses Bernabé sufrió un accidente de moto muy chungo. Yo me enteré un tiempo después, cuando me llegó un correo en el que me lo contaba...

"Han pasado muchas cosas desde la última vez que nos comunicamos. La semana siguiente tuve un accidente de moto del que salí bastante mal parado. Parte de lesiones: derrame en el hígado, contusiones en espalda y hombro, una costilla rota y, lo peor, fractura abierta de fémur, con el hueso asomando por fuera de la pierna (por suerte no lo vi, porque lo tapaban los vaqueros). Estuve dos semanas en el hospital y pasé las peores Navidades de mi vida", me explicaba en el e-mail. Me quedé helado con este correo y me alegré mucho, y doblemente, de verle ayer, casi completamente recuperado y sin ninguna secuela.



Bernabé es el protagonista masculino de "Contar las nubes", el corto que grabé durante la segunda edición del Festivalito. En esta instantánea e improvisada historia, Bernabé interpreta a un tipo de pocas palabras que de repente tiene mucho que compartir con una desconocida con la que se lió en una noche de cogorza y desfase. Y, en pocos minutos, ella se encarga de que él se convierta en contador de nubes... "La formación de las nubes también me recuerda a mi vida, que siempre vuelve a los pequeños puntos de los que parte", dice la voz en off de Bernabé en el corto.



Ayer Bernabé y yo regresamos al punto de partida y nos pusimos al día mientras comíamos en una terraza cutre de la calle Luchana. Hablamos de casualidades y de encuentros inesperados, de aventuras pasadas y de expectativas futuras... Como ya comenté hace tiempo en este diario, Bernabé ha rodado una peli en Suiza, "A l'est", que esperemos que encuentre distribución en España. Y ahora tiene entre manos un entrañable documental que promete mucho.

Y en la calle Luchana quedé también con Nachete, a quien debía una copia de "Vuelco", que se verá mañana viernes en Bayuela (Toledo), como complemento a la presentación que hará Salvador Aldeguer, padre de Nacho, de su muy recomendable libro "¡Burp! Ideas y mecanismos para eructar el mal rollo, los agobios y las prisas sin sentido", un original y divertido manual de autoayuda.

"Vuelco" también se proyectó en la anterior presentación del libro de Salvador en Talavera de la Reina, y acabo de encontrar en Google un artículo del periódico La Voz del Tajo en el que puede leerse: "Como colofón a la presentación, se dio paso al visionado del corto 'Vuelco', protagonizado por el hijo de Salvador Aldeguer, Nacho, y que fue fuertemente aplaudido por el numeroso público presente".

Guay. Tenía razón Nacho entonces con eso de que el corto gustó mucho en Talavera, tanto que casi consiguió ligarse a dos becarias buenorras que le hicieron una entrevista... En la foto de abajo, el chico de las gorras luce una de sus piezas más selectas, perteneciente a su exquisita colección de más de cien.



A Bernabé también le hablé de "Nuestro propio cielo" y luego, al llegar a casa, le mandé el guión para que le echara un vistazo. Esta mañana encontré un e-mail en el que me dice que el guión le ha encantado y que le parece muy realista, que teniendo en cuenta lo retorcidas que son las tías, hasta me he quedado quedado corto... A estas horas, Bernabé vuela en un avión rumbo a Sicilia, donde pasará unos días de vacaciones.

Y retomando las casualidades como tema de conversación, otra más: Bernabé y Ale se encuentran los dos pendientes, en estos últimos días de agosto, de las decisiones que tomará pronto cierto actor muy conocido que está a punto de dirigir nueva película en España. Mucha suerte a Ale mañana y a Bernabé con lo que ocurra en la primera semana de septiembre.

Es que odio eso de desear "mucha mierda", que me suena como el culo. Vamos, que conozco el origen histórico de la expresión, pero cada vez que me dicen a mí lo de "mucha mierda", tengo la sensación de que me están deseando que las ruedas de mi silla pisen un zurullo de perro al girar la esquina. Y no sería la primera vez...

FUNDIDO A NEGRO