11 Agosto 2005

40. Llamadme Rodolfo. EXT./DÍA



En "Tienes un e-mail", Meg Ryan dice que el Starbucks Coffee permite que cualquiera piense que tiene una gran personalidad, ya que te ofrece tantos tipos de cafés y aditivos que uno se cree superespecial y extravagante cuando se sirve su precisa combinación de café de Guatemala con dos cucharadas de azúcar, una y media de canela, dos chorritos de caramelo, uno de vainilla y unas cuantas gotas de chocolate blanco, como si de siempre te gustara el café así y sólo así. Con independencia del sabor que tenga esta mezcla (la cuestión es echar cosas en el vaso), yo voy más allá que Meg Ryan (un apunte rápido: porfa, Meg, deja el Botox) y aseguro que la repercusión de Starbucks Coffee en nuestras existencias es mucho mayor, porque el Starbucks Coffee te permite reinventar tu vida o, lo que es mejor, inventarte una nueva.

Suelo visitar de vez en cuando algunos Starbucks de Madrid, sobre todo el que está en la Plaza de Neptuno o el que hay en la calle Alcalá, muy cerca de Sol. A pesar de que sus precios son un aplastante timo y duele pagar más de tres euros por un vaso de leche con café, sus franquiciados sabores molan, normalmente sus locales no tienen escalones en la entrada y se puede quedar ahí con la gente para hablar un rato con tranquilidad, todo muy en plan Central Perk pero sin Phoebe tocando la guitarra y cantando "Smelly cat".

Sin embargo, hay algo del Starbucks que detesto: que, una vez que pides lo que quieres, el cajero o la cajera (siempre chicos y chicas que van de monos y exhiben espeluznantes sonrisas prefabricadas) te pregunte tu nombre para escribirlo con un rotulador en el vaso en el que, acto seguido, te echarán el café, el frappuccino o la mezcla delirante de ingredientes líquidos y viscosos que hayas pedido. No sé si es por esta timidez mía que aflora en los momentos más estúpidos e inesperados, pero siempre me da palo decir mi nombre, porque no sólo lo escucha la cajera mona, sino también los que están detrás de ti en la cola, y a ver qué necesidad tiene esa peña de enterarse de cómo decidió llamarme mi madre al parirme o la que tengo yo de saber cómo los llamaron a ellos las suyas tras expulsarlos por sus vaginas.

Alguna vez he dicho mi nombre con un volumen tan bajo que la cajera mona ha preguntado "¿cómo?", y tener que repetirlo es todavía peor... Hace unos días, no obstante, Nacho me proporcionó la solución para este acuciante problema; una brillante idea que, aunque sencilla, no se me había ocurrido: mentir como un capullo.

La semana pasada quedé con Nacho en el Starbucks de Neptuno y, mientras en mi vaso habían escrito mi nombre letra a letra, él apareció con un frappuccino en el que podía leerse "Rigo". "Les he dicho que me llamo Rigo, de Rigoberto", me dijo como si nada. Nacho es actor hasta la médula, interpreta papeles en las más variopintas circunstancias y se lo pasa bien dejándome largos mensajes en el contestador en los que finge ser algún disparatado personaje. Su última creación: Marcos, un fumeta que me deja mensajes recordándome que he olvidado la maría en su casa y que, si no voy a por ella, se la fumará él. Tío, la próxima vez quiero ver a Marcos en el Starbucks, a ver cuánto tiempo tardan en echarte a la calle. Je.

En fin, que ayer decidí imitar a Nacho. Pedí un frappuccino de crema con caramelo (o algo así) y cuando el cajero mono me preguntó "¿tu nombre?", respondí: "Rodolfo". Quería decir algún nombre más estrambótico, tipo Eufronio o Aquilino, pero al final, impulsivamente, me salió Rodolfo. ¿Que cómo es Rodolfo? Pues es mi antítesis. Rodolfo es extrovertido, avasalladoramente sociable, sin un solo complejo, seguro de sí mismo y de lo que quiere y de cómo conseguirlo, capaz de expresar en todo momento y sin reparos lo que piensa y siente. Rodolfo odia las metáforas, las medias tintas, los rodeos y las máscaras; pasa de comerse el coco y reboza alegría, naturalidad y optimismo. Gracias, Starbucks, por permitirme que me invente, aunque sea por unos segundos, un modo de ser que en el fondo envidio cuando lo percibo en los demás. Larga vida a Rodolfo.

Paz y el Starbucks

Hace unos días también quedé en Starbucks con Paz Gómez. Paz es mítica y encantadora. Ella se hizo popular al protagonizar un vídeo-clip de Prince, "The most beautiful girl in the world", y luego presentó un recordado programa en las veraniegas mañanas de La 2: "Clip Clap Vídeo". En los últimos años ha aparecido en películas como "Rewind", "Las razones de mis amigos", "Intacto" o "Sin noticias de Dios".

Si todo termina de cuajar, Paz será la protagonista femenina de "Nuestro propio cielo", el corto que dirigiré a principios de septiembre, pero esto os lo contaré extensamente el próximo día. "Odio estos sitios, son carísimos", me comentó Paz refiriéndose a Starbucks y cuando ya nos encontrábamos dentro del local, así que, a fuerza de rebeldía y morro, nos quedamos un buen rato ocupando una mesa y un sofá y sin pedir nada... Los cajeros monos nos miraban con mala cara. Que les den, por cotillas, por tener esa fea costumbre de preguntarle descaradamente el nombre a todo el que entra.

Froid, Rodolfo y las barras de pan

Ahora me pregunto si Rodolfo le caería bien a Froid, quien, mientras escribo estas líneas, me da la lata vía Messenger. Acaba de enviarme su nueva canción preferida, "Fix you", de Coldplay, y me cuenta su sueño de anoche. Desde hace unos días, Froid sueña de forma recurrente que va a comprar el pan y le atiende una famosa. En su primer sueño de este tipo, la panadera era Mercedes Milá (Froid no recuerda si en el sueño la Milá le aconsejó que dejara de fumar) y, a partir de ahí, el nivel de prestigio de las famosas en cuestión ha caído en picado. "Anoche la barra de pan me la dio la sobrina de Rocío Jurado", me dice. "A este paso, esta noche te venderá el pan la prima de Yola Berrocal", le contesto. "Mola", responde Froid, eterno fan de Yola y de su prima.

Abro "Fix you" con el Winamp y me doy cuenta de que ya he escuchado esta canción. Suena en el penúltimo capítulo de la segunda temporada de "The O.C.", mi más absurdo enganche televisivo: una serie sobre un conflictivo chico de la calle que se amansa en cuanto comienza a vivir con unos niños pijos y asquerosamente millonarios que residen en una zona increíble de California, Orange County. El verano pasado TVE emitió sin demasiada pena ni gloria la primera temporada de "The O.C.", que en Estados Unidos es todo un fenómeno, y ahora, gracias a nuestro amigo eMule, he podido ver la segunda, muy superior y con tramas mucho más adictivas.

A lo que voy, que la canción de Coldplay se escucha en una típica secuencia de baile de fin de curso. Cuando el baile ya casi ha terminado, una solitaria Marissa, pija desorientada y borrachuza, espera desolada en los jardines del instituto, hasta que al fin aparece Ryan, el chico malo, y los dos se funden en un emotivo abrazo. "Perdona que me haya perdido el baile", le dice él. "Llegas justo a tiempo", responde ella.



Definitivamente, creo que Rodolfo no caería nada bien a Froid. Porque Rodolfo acudiría vestido como un pincel al baile de fin de curso y se convertiría en el indudable rey de la fiesta... Froid y yo, en cambio, no sólo no llegaríamos justo a tiempo para que la Marissa de turno nos abrace, sino que preferiríamos quedarnos en casa, vestidos con nuestras peores pintas y engulliendo espantosa comida china mientras vemos alguna peli horriblemente mema como "Napoleon Dynamite", el último engendro que nos hemos tragado. Es una irritante película que cosechó un sorprendente y sostenido éxito en USA y que por lo único que merece la pena es porque recupera a una crecidita y oronda Tina Majorino, la niña aquella de "Waterworld" o "Cuando un hombre ama a una mujer".

No somos Marissa y Ryan, pero, qué diablos, Froid y yo también nos merecemos que suene en off una canción como "Fix you" mientras la cámara se eleva sobre nuestras cabezas y la imagen funde a negro. Faltaría más. Pues lo dicho, que Coldplay comience a cantar:

And the tears come streaming down your face
when you lose something you can't replace.
When you love someone but it goes to waste
could it be worse?

Lights will guide you home
and ignite your bones
and I will try to fix you...


...Y FUNDIDO A NEGRO