04 Agosto 2005

38. Soñé que era feliz. EXT./DÍA



En la foto, Christian y Bea en El Retiro. Christian conoció a Bea en el curso de interpretación al que ambos acudieron en la Escuela de Jorge Eines, en la primera quincena de julio. Los dos se hicieron amigos en tiempo récord y, a partir de entonces, yo escuché hablar mucho de Bea en mis delirantes pero lúcidas charlas nocturnas con Christian.

Pocas horas antes de que Christian regresara a Galicia, él, Bea y yo comimos juntos en un cutre y recurrente restaurante chino cerca de mi casa. Me gustó conocer al fin a Bea. El almuerzo resultó muy agradable y bromeamos con chorradas. Christian tiene la teoría de que le gusto a la camarera china del restaurante, que siempre me responde con una mirada lasciva ante cualquier pregunta que le hago. "¿Tenéis Coca-Cola Light?", pregunto yo. "Sólo al limón", responde ella con ojos lujuriosos. Ja. Lamentablemente, creo que la Coca-Cola Light al Limón es una de las mayores lacras de nuestros días, así que me temo que ésa no es forma de conquistarme...

Un rato después de la comida, de vuelta en mi casa, Bea lloró cuando vio "Vuelco" en el televisor de mi salón... Bea representa a la perfección el espíritu de uno de mis próximos proyectos, pero ella aún no lo sabe.

Christian actuará el domingo día siete en Escairón (Lugo). Si sus planes siguen en pie, Bea se encontrará entre el público del concierto, como espectadora privilegiada. Y seguro que el loco de Christian arrasará con sus canciones sobre el escenario. Me gustaría estar allí para verlo. Mucha suerte, tío.

Perder los papeles

En mis citadas charlas nocturnas con Christian, durante los días en que se alojó en mi piso, hablamos largas horas sobre el futuro, las reglas del amor y otras gilipolleces. Christian dice que no soporta a la gente cobarde, ésa que prefiere la cansina ambigüedad, marear la perdiz hasta la extenuación o dar calabazas con un mensajito de móvil. Y a mí me toca hacer esfuerzos para no darme por aludido... Puede que Christian sea demasiado joven y aún desconozca el lado más rastrero de los sentimientos.

Últimamente, cuando pienso en esa cosa misteriosa, difusa y a ratos estúpida que llaman amor, a mi cabeza siempre acude una carta que Sumaya encontró un día abandonada en el suelo de una estación de metro. Ella la trajo a casa, me la leyó y luego la colocamos con un imán en la puerta del frigorífico, como si necesitáramos un recuerdo constante del reverso más básico, tenebroso y elemental del imprevisible estado de enamoramiento.

Se trata de una carta escrita a mano sobre un papel sepia, adornado con dibujitos de Piglet, ese cursi cerdito rosado que es amigo de Winnie The Pooh. La carta, con fecha del diecisiete de noviembre de 2003, dice lo siguiente, y la transcribo literalmente, con su ausencia absoluta de tildes, sus faltas de ortografía y sus errores sintácticos:

"Ataca Rufo levanta esos animos mi niño malo. Pero el agua te esta llegando al cuello pero hay un dicho que dice que Dios aprieta pero no ahorca. Solo quiero decirte que puedes contar conmigo. Porque no me das la oportunidad de empezar de cero contigo? Vamonos para otra ciudad. Si quieres te pago el arriendo este mes, te compro el abono, dinero para comer y salir mientras encuentras trabajo, porque si no te va a tocar volver donde tu mujer con la cola entre las patas y no me gustaria que te viera asi en Colombia. Tengo ahorrado un dinero. Si dices si yo traigo 650 euros para empezar. Si quiere yo lucho con usted pero acuerdese de que depronto yo estoy en embarazo. Tenemos por quien luchar una nueva vida que es de nosotros dos. Yo no lo quiero perder esa criatura que tengo en mi vientre y nunca he abortado y nunca lo haria porque con defectos y virtudes me sentiria super orgullosa de tener un hijo de una persona tan maravillosa y fenomenal. Y sabes que si vuelves con ella no me importaria ser tu amante pero no me dejes. Estoy triste pero soñe que habia sido feliz al encontrarte y hoy soy la mas infeliz porque se que te estoy perdiendo. Tengo miedo nene. No te imaginas como extraño tu voz tu pasion. Tu eres lo maximo y hojala siempre te vaya bien. Trata de entrar a una iglesia y pidele mucho mas a Dios que te ayude y echate un poquito de agua bendita"

Debe ser que el amor no entiende de ortografía... La carta acaba así, sin ni siquiera un punto final. Nunca sabremos si su autora quiso concluirla de esta forma o si el texto está incompleto por algún motivo. Sumaya y yo también barajamos varias hipótesis sobre el hecho de que el papel apareciera abandonado en la estación de metro.

Nos preguntamos si la carta la perdió su autora o su destinatario (el tal Rufo), si quizás la chica la escribió y la extravió antes de enviarla o si decidió no enviarla y deshacerse de ella en el último momento. En la imagen de abajo puede verse una esquina de la hoja, con el bobalicón de Piglet ejerciendo de inconsciente cómplice de adulterio.



Ahora también me pregunto qué habrá sido de la autora, de esa mujer enamorada y embarazada, dispuesta a conservar a su querido Rufo a cualquier precio y a rebajar su nivel de expectativa hasta el punto de conformarse con envejecer como resignada madre y clandestina amante. A día de hoy, su bebé habrá cumplido ya un año. ¿Nació niño o niña? Yo digo que fue un niño, un Rufito.

Un incómodo espejo

En uno de sus últimos viajes a Madrid, mi madre, cansada de que la carta se caiga al suelo cada vez que abre el frigorífico, me propuso lo siguiente: "¿Por qué no dejas esta carta de nuevo en la calle para que la encuentre otro?", y lo cierto es que la propuesta no está mal. Al fin y al cabo, el texto es un espejo en el que cualquiera, en mayor o menor medida, puede reflejarse; es una especie de conciso y angustioso resumen del amor, con todo lo bueno y, especialmente, todo lo malo que conlleva.

Este pequeño culebrón colombiano es el reflejo, imperfecto (como su propia ortografía) pero preciso, de aquello que consigue que pierdas los papeles, de las memeces que se hacen y dicen en nombre de un sentimiento; el anticipo de los "no puedo vivir sin ti" y los "si me dejas, me suicido", de las lágrimas, del drama, la histeria, las amenazas, las traiciones, las venganzas, las lapidarias llamadas a media noche y el insoportable vacío en el estómago.

Yo no puedo evitar sentirme escéptico. Instalado en una eterna fase de transición, desde hace un tiempo únicamente creo en esa gente cuya función en tu vida no es la de quedarse para siempre a tu lado, ni siquiera la de quererte durante un determinado periodo. Es esa gente que aparece en tu mundo sólo para cambiarlo un poco, para ayudarte, de una forma u otra y sin ser consciente de ello, a estar preparado para el siguiente paso.

Y, mientras concluyo estas líneas, recuerdo a quienes me han ayudado a mí en los últimos años. Por mi parte, una vez más, vuelvo a estar preparado para el siguiente paso...

FUNDIDO A NEGRO