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01 Agosto 2005
37. Canas y cambios. EXT./NOCHE

El sábado me rapé el pelo al uno. Desde hace un tiempo, voy a una mini-peluquería del barrio, cercana a mi casa, regentada por un tipo un marroquí adicto a la Coca-Cola. Mientras me corta el pelo y suenan canciones de Tracy Chapman, el tío bebe abundantes tragos de una botella de dos litros. "La Coca-Cola es una droga, te hace sentir vivo, te sientes un rey cuando la bebes", comentó en un momento durante el primer corte de pelo...
Yo no pude evitar contarle inmediatamente que comprendo mejor que nadie sus palabras. Y compartí con él mi propia y aplastante adicción a esa bebida endemoniada (en mi caso, la tomo light). Le hablé largo y tendido de esos días horribles en los que he ingerido siete u ocho latas, de esas largas noches en las que, tras beber ávidamente la última dosis que quedaba en el frigorífico y comprobar que no habrá más hasta la mañana siguiente, he pensado en cortar mis venas tal y como me ha dicho Froid que se hace: "Verticalmente, no horizontalmente". Y el peluquero escuchó mi relato con ojos fascinados. Y se forjó entre nosotros ese vínculo que sólo es posible forjar con alguien a quien te vincula una de esas debilidades poco verbalizadas, incomprendidas y hasta injustamente ninguneadas.
Este sábado, sin embargo, le conté a mi peluquero algo cierto: que, aunque me cuesta un gran esfuerzo, estoy intentado dejar la Coca-Cola Light. Y entonces, segundos después, noté que un mundo nos separaba de repente, que nuestra antigua complicidad se volatilizaba en mil pedazos. Y la charla se volvió inesperadamente anodina, plagada de silencios incómodos. Esta vez no hablamos del penoso prime-time televisivo de la noche anterior ni de las baterías de mi silla ni del declive de la carrera cinematográfica de Steven Seagal. Cuando nos despedimos, me miró como a cualquier desconocido al que le devuelve el cambio... Creo que en el momento de la despedida Tracy cantaba "Smoke and ashes"...
Me siento mal, sé que le he fallado a mi peluquero, pero menos mal que me cobró lo de siempre: cinco euros. Porque he llegado a la conclusión de que rapar mi cabezón no merece un desembolso mayor. No entiendo a la gente como Pablo que paga veinte o treinta euros en peluquerías cools como la de Juan Por Dios, que está por Chueca. Eneko también es de los que paga cantidades estratosféricas en peluquerías pijas a cambio de que una tía buena le corte el pelo al mismo tiempo que le roza las orejas con sus megatetas.
En cualquier caso, mis radicales rapados no se deben precisamente a una necesidad de estar fresco en pleno agosto. Es que odio las canas que desde hace cosa de un año pueblan mi cabeza. En la imagen de arriba, pueden verse dichas canas en una foto que el capullo de Carlos me sacó a la siete de la mañana, cuando casi amanecía en una de las jornadas de rodaje de "Vuelco". Entre mis manos, un vaso de plástico con amargo café.
Dice mi madre que las canas son fruto del sufrimiento, pero también dice que si me salen canas, no me quedaré calvo como mi padre. Pues creo que prefiero sufrir antes que ser calvo.
Sorpresas gratas
Cambiando de tema, este diario internauta no deja de depararme sorpresas. Doy las gracias desde estas líneas a quienes me mandan correos contándome que leen los delirios que aquí escribo, sobre todo a los que no conozco de nada y que aseguran acercarse habitualmente a este inútil rincón de la inconmensurable red.
También le envío saludos y un gran agradecimiento a Millán de la Agencia Freak, que ha colocado este diario entre los enlaces recomendados de su último boletín informativo, junto a los weblogs de Nacho Vigalondo, Alberto González y (¡!) Pedro Almodóvar. Todo un honor. La Agencia Freak también cuenta con un muy interesante blog con noticias sobre el mundo del cortometraje.
Entre los correos que he recibido, me ha hecho especial ilusión el de Aitor, a quien conocí en la primera y mítica edición del Festivalito, si bien creo que no he intercambiado con él más de dos o tres saludos rápidos. Aitor es el director de la película "Entre abril y julio", que no he podido ver aún pero de la que he escuchado excelentes referencias (recuerdo que un día Pablo y yo flipamos leyendo unas críticas de la peli en la fachada de los Cines Verdi).
Aitor consiguió toda una pionera proeza: estrenar comercialmente "Entre abril y julio" en Madrid y Barcelona en formato digital, sin sucumbir al aparentemente imprescindible y costoso kinescopado. Me dice Aitor en su correo: "Siempre he visto tus cortos como las únicas películas que conozco donde el amor, la amistad, la vida... se muestran como algo tan supremo, que da pena. Te deja un poso de amargura". Y yo le agradezco infinitamente sus palabras y le deseo enorme suerte con su nuevo proyecto de largometraje: "Little big apple", que rodará en Nueva York el año que viene.
También me ha hecho mucha gracia la postdata del correo de Aitor: "Te mando una foto de la niña de la comba tomada el día antes de que su madre la estrangulara". Y aquí está la foto. Espeluznante...

Cambiando de nuevo de tema, acabo de darme cuenta de que comienzo a parecerme a esa mujer de Gran Hermano, Aída. Ya hablo de mí en tercera persona... La semana pasada me enviaron un cuestionario desde COGAMI (Confederación Galega de Minusválidos). Al principio las preguntas me noquearon un poco, ya que no tenían demasiado que ver con el mundillo cinematográfico y giraban más en torno a mi visión acerca de asuntos sobre los que no sé si tengo visión. Contesté lo que pude y, ahora que las releo, las respuestas se me antojan terriblemente pedantes. La entrevista se publicará en un boletín que creo que se llama COGAMI Virtual y aquí está para quien quiera perder el tiempo leyéndola.
Esta nueva secuencia del diario está resultando pelín anárquica, pero es que atravieso una época de alborotados cambios. Mis canas significan demasiadas cosas y hoy, aunque le pese a mi peluquero, es mi cuarto día consecutivo sin Coca-Cola Light. Para colmo, he descubierto las virtudes del vodka con zumo de naranja, y Santi ha conseguido algo impensable: que me guste una canción que me envió hace tiempo por el Messenger, ¡una de Fangoria! Quién me ha visto y quién me ve... La canción se titula "Miro la vida pasar" y su letra ahora mismo me suena dolorosamente cercana. ¿Qué más? Ah, dos de mis mejores amigos parecen odiarme de un día para otro, por momentos siento el impulso de hacerme un piercing y ya no me pone tanto Britney Spears (y no es porque esté preñada). Definitivamente, todo está cambiando...
FUNDIDO A NEGRO
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