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22 Octubre 2009
583. Otoño en colores. INT./DÍA

Ésta es mi nueva obsesión de otoño. El cubo del cabrón de Rubik. Se lo robé a mi padre la última vez que estuve en Lanzarote. Y desde entonces paso los ratos de hastío intentando juntar colores. Nunca antes se me había ocurrido darle vueltas a un cubo de éstos, y es absurdo, pero, mientras, no pienso en nada más. Una adicción como otra cualquiera ahora que ha llegado el frío de verdad, y la lluvia, y mis manos vuelven a congelarse.
Por lo demás, en una pared de mi edificio alguien ha escrito con spray "matar a un cura y a sus hijos", y hace poco me crucé en la calle Atocha con Fernando León de Aranoa y su hijita, que debe de tener tres o cuatro años. La niña se fijó en mi silla y comenzó a vociferar: "Mira, papá, está malito, está malito".
Últimamente, también me pierdo yendo a sitios a los que se supone que ya sé ir. Y la otra noche me hablaron de sentimientos que acabarán plasmados en un triste guión de tercera.
Cojonudo todo.
Estoy malito, estoy malito.
FUNDIDO A NEGRO
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