13 Julio 2005

33. Tratamiento de choque. EXT./DÍA



El domingo pasado, Christian y yo fuimos gratis al teatro. Somos así de gorrones... Ale nos invitó a ver la obra "Zona de choque", que él está representando en el Teatro Muñoz Seca desde hace ya casi mes y medio. En la imagen de arriba, aparece el propio Ale en un extracto del cartel de la obra, que muestra a los cinco actores protagonistas a bordo de un coche (supuestamente) a punto de estamparse.

Lo reconozco: soy un nefasto, inculto y perezoso espectador de teatro. Estoy demasiado acostumbrado a tragar pelis de cualquier calaña, pero he disfrutado de muy pocas obras de teatro a lo largo de mi vida. Cuando voy al teatro (y sé que muchos querrán matarme por decir esto), me impresiona el hecho de contemplar interpretaciones tan desnudas y puras ante mis ojos, pero, al final, probablemente viciado por la apabullante parafernalia de elementos que se conjugan en una película, me cuesta sentir que he sido testigo de una experiencia emocional completa que me haya absorbido de manera integral, algo que sí he experimentado tropecientas veces en una sala de cine...

Nunca me he emocionado con una obra de teatro, por ejemplo, pero también soy consciente de que quizás no he elegido las obras adecuadas y de que me pierdo grandes maravillas por preferir meterme en UGC Ciné Cité a sufrir con... "Un canguro superduro" (gran filme según Froid).

En este caso, sí tenía mucha curiosidad por "Zona de choque", sobre todo por la posibilidad de ver de nuevo a Ale en acción sobre un escenario. "Zona de choque" es el título español de "Crumple zone", comedia agridulce de Buddy Thomas que se desarrolla en una sola localización, con cinco actores interpretando a cinco gays vinculados por lazos de amor, desamor, infidelidad y sexo en una gélida nochebuena neoyorquina.

Al principio, en la obra todo tiene pinta de frívola comedia petarda, con las habituales y previsibles dosis de plumas, histeria y promiscuidad que parecen irremediablemente asociadas (y me cansa comprobarlo una vez más) a cualquier historia de índole homosexual. Tendré que escribir yo el primer guión gay que huya de estas síntomas de identidad tan sesgados y generalizadores...

La cosa comenzó a gustarme más en su segunda mitad, cuando la frivolidad deja por fin entrever el dolor de varios de los personajes y el texto deriva hacia grandes y reconocibles temas, como el desasosegante descubrimiento de una infidelidad, el vacío que deja una ruptura, la impotencia de un amor no correspondido o, en definitiva, la agobiante espiral de desorientación sentimental en la que es tan fácil caer.

En medio de tanto vaivén, los actores cumplen con solvencia (en especial Ale, y no lo digo en absoluto porque sea mi amigo y curre con él), siempre navegando entre apuntes humorísticos que funcionan muy bien y momentos de intensidad dramática también muy logrados.

No tengo ni pajolera idea de coches, pero, por lo visto, el término crumple zone se refiere a una especie de sistema antichoque que incorporan algunos vehículos, mediante el cual, ante una colisión, el capó se repliega casi como un acordeón y absorbe la energía del impacto... Esta zona de choque es usada por uno de los personajes de la obra, Terry, como metáfora de ese salvavidas que necesitamos para encarar una ruptura, una relación equivocada o un insoportable sentimiento de desolación.

La zona de choque impide que tus sesos se estampen contra un muro y que tu corazón se resquebraje del todo. Te permite reaccionar y saltar del coche accidentado antes de que tu mundo se volatilice y ya no exista vuelta atrás...

Gilipollez crónica

A la salida del teatro, Christian y yo esperamos a Ale y los tres tomamos algo en una terraza de la Plaza del Carmen. Es guay hablar con Ale. Tiene veintidós años y parece dos vidas mayor que yo. Me siento un poco gilipollas cuando hablo con él, porque, como si no le costara esfuerzo alguno, irradia madurez, serenidad, equilibrio e inteligencia. A su lado, parezco el típico niño memo y balbuceante, con gafas y acné por si fuera poco, que da la brasa con lo de ser director de cine. Aquí aparece Ale en tres momentos de "Bailad para mí".



Últimamente, me siento gilipollas en general. Necesito que alguien me abofetee por decir tantas tonterías o por comportarme de forma tan incongruente. Me temo que me sobran voluntarios y voluntarias para saciar esta acuciante necesidad de que me crucen la cara...

Acabo por hoy con (más) autobombo. Ya está a la venta el número seis de la revista Travelling, en la que se incluyen dos artículos míos: uno titulado "Sobredosis de premios", en el que hablo sobre la utilidad real del hecho de triunfar con un corto multipremiado, y otro sobre mi venerada serie "Lost". Saludos a Xavi, redactor jefe de Travelling, que ha descubierto recientemente este delirante e inútil diario.



Por lo demás, creo que desde hace unos meses también necesito con urgencia mi propia zona de choque. O puede que, pensándolo mejor, lo que de verdad me convenga sea un eficaz y directo tratamiento de choque... ¿Alguna sugerencia?

FUNDIDO A NEGRO