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28 Junio 2009
548. Verano, por así llamarlo. EXT./DÍA

El de la foto soy yo, la otra tarde, huyendo de un amago de tormenta. Está siendo inestable el arranque del verano este, con días nublados, noches ventosas, tormentas a la mínima de cambio...
Me temo, además, que esta inestabilidad se encarga de recordarme constantemente la inestabilidad de todo lo demás. Es tiempo de desazón. Ya lo predijo Christina Rosenvinge en "La distancia adecuada": que la desazón se iba a llevar en esta temporada, y así ha sido. Entre amigos que se ponen amarillentos, otros que pierden a seres queridos y vínculos que se van al traste por más que pintaran bien en un principio, quedan pocas ganas para sol y piscinas.
El otro día, hablando con Sam de un guioncillo que tenemos entre manos, él me preguntó que por qué me empecino en ambientar historias dramáticas y melancólicas en pleno verano, que esas historias son más típicas de otoños e inviernos. La respuesta me salió sola: la tristeza se agrava en días soleados. Es más triste estar triste si luce el sol.
Éste va a ser un verano raro. Lo estoy viendo venir.
FUNDIDO A NEGRO
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