14 Mayo 2009

533. Aquellos días de escuela. EXT./DÍA



Recuerdo que, después de graduarme en Comunicación Audiovisual en Salamanca y con la intención de estudiar algo complementario y más relacionado con el cine, investigué un poco entre varias escuelas de Madrid. Mi investigación no consistía sólo en mirarme sus planes de estudio y precios, sino también en averiguar si tal o cual escuela contaba o no con barreras arquitectónicas que me hicieran la vida imposible.

Pues un buen día, desde Lanzarote, llamé por teléfono a Septima Ars para informarme, y me atendió un tipo así como con voz de cuarentón. Le conté a ese tipo que tenía la intención de hacer un curso de dirección o de guión, pero que necesitaba saber si el edificio era accesible para una silla de ruedas. El hombre me contestó que sí, que bueno, que había aulas a pie de calle y otras abajo y sin ascensor, pero que... en fin, que, en cualquier caso, dirigir cine estando en una silla de ruedas tendría sus complicaciones, que me lo pensara bien y tal... Aluciné un poco bastante y le corté rápidamente el rollo. En ningún caso le estaba pidiendo a ese desconocido su opinión sobre si yo, con mi silla a cuestas, sería capaz de llegar a algo en esto del cine o no. Faltaría más.

A pesar de los pesares, acabé matriculándome en Septima Ars porque reunía las condiciones menos malas a varios niveles (ubicación, precios...). Asistí de lunes a viernes (menos cuando no iba, claro, je) a un curso anual de guión que se impartía en un aula a pie de calle y en el que aprendí... más bien nada.

Pero fue un año enriquecedor aún así: una primera temporada con los elementos necesarios de cualquier arranque de teleserie con personaje ingenuo y pavisoso que llega a la gran ciudad. Como "Felicity" pero en mi caso sin melena de rizos. Además, consolidé mi amistad con Pablo, que también estudió el mismo curso que yo, y conocí a Ruy y a Ruth, dirigí y monté "Lluvia", me adapté a Madrid, hice mi primer trío... Entre tanto aliciente, Septima Ars fue lo de menos.

La cosa es que el otro día, después de no sé cuántos años, pasé por casualidad por Fuente del Saz, la calle en la que está Septima Ars. Ahí sigue la escuela, con una fachada que sobrevive mal al paso del tiempo. Un tanto decrépita, vaya. Qué impresión, qué recuerdos. Intenté imaginar a quienes estarán estudiando, o desaprendiendo, allí este año, leyéndose el libro ese de Linda Seger, lidiando con sus primeros cortos, creyendo firmemente que será fácil comerse el mundo...

Por cierto, aunque pasé nueve meses entrando y saliendo de la escuela, nunca supe quién fue el pavo con el que hablé por teléfono antes de matricularme. Nunca le puse cara al tipo que se atrevió a dudar sobre mi capacidad para hacer cine. Ni ganas.

FUNDIDO A NEGRO

Y en el spin off...

-En terapia (de choque).
-De Vega con cariño.
-Tras el brazo del niño nazi.
-Después de las cicatrices.
-"Star Trek".
-Un parque para mí solo.