03 Julio 2005

30. La guerra de los vuelcos. INT./DÍA



Días de lío. Días de desgana... Ya estoy de vuelta en Madrid, con el cerebro más empanado de lo habitual gracias a los bochornosos treinta y cinco grados de media de temperatura. En la imagen de arriba, la desenfocada figura de Irene en el Centro Comercial Deiland en Playa Honda. Saqué la foto (o el amago de ella) el pasado viernes, mi último día en Lanzarote antes de regresar a la jungla madrileña.

Irene y yo fuimos a ver "La guerra de los mundos", lo nuevo de Spielberg, que yo esperaba como agua de mayo desde el día en que comenzó su preproducción, como siempre me ocurre con el cine del genio Steven. A pesar de mi reciente tirria hacia Tom Cruise, disfruté mucho con la peli, con su vertiente salvaje y terrorífica, con la siempre apabullante y muy precisa forma de planificar de Spielberg, con los juegos de luces y los colores desaturados de Kaminski, con el nervio que desprende el montaje de principio a fin...

No compartí determinados giros de guión (eso que ocurre en el segundo sótano en el que se refugian el desastroso Ray y su adorada hija Rachel, por ejemplo) y detesté a la horrible actriz que interpreta, por suerte de manera breve, a esa caricaturesca reportera con la que Cruise se topa tras pasar la noche en la casa vacía de su ex-mujer. Hablando de detestar, creo que nunca he hablado en estas líneas del repelús que me produce Dakota Fanning, esa niña prodigio del nuevo cine de Hollywood que tiene once años y se comporta como si tuviera cuarenta y cinco y medio (con menopausia incluida). Entre Cruise y Dakota, esta peli de Spielberg amenazaba con resultarme especialmente indigesta.

Pues bien, he de reconocer que, contra todo pronóstico, no me ha costado gran esfuerzo soportar a la repelente niña de "Yo soy Sam", ya que Steven la convierte, en la medida de lo posible, en una continuación de la entrañable Gertie (Drew Barrymore) de "E.T. el extraterrestre", con más edad y peor gusto en el vestuario, eso sí. Dakota, además, y a pesar de ella misma, protagoniza mi secuencia favorita de "La guerra de los mundos": ésa en la que la niña se dispone a mear detrás de un árbol y se encuentra con un río poco propicio para aliviar el esfínter... Dakota, eso te pasa por meona. Y ya estás tardando en darte al ron y meterte coca, como hizo Drew en su día.

Aún así, para recuperar mi repelús hacia esta envejecida chiquilla, sólo he tenido que volver a ver el trailer de "Dreamer", sucedáneo de "Seabiscuit" que se estrenará próximamente y en el que la Fanning pone pucheritos y quiebra la voz en plan Meryl Streep en una mañana de resaca. Lo que hay que ver... Niña, ponte a jugar con la Barbie Hollywood y deja de torturarnos.

El regreso de los mallrats

Irene no entendió el final de "La guerra de los mundos" (siendo así víctima del "síndrome frequency", inaugurado por Sumaya cuando ella, Nauzet y yo fuimos a ver "Frequency" y Sumaya no entendió ni jota del argumento), así que aquí la vemos (jeje) buscando respuestas en los títulos de crédito de la película e intentando averiguar cómo es que al final palman los bichos malos.



A la salida del cine, fuimos a tomar un helado y, por un rato, Irene y yo nos transformamos de nuevo en aquellos viejos mallrats, siempre dispuestos a pasar largas horas de un lado a otro del centro comercial, enfrentándonos a desagradables encuentros, ascensores estropeados y furtivas escapadas a través de los sótanos para aparcamientos.

La sala en la que vimos "La guerra de los mundos" el viernes fue la misma sala en la que veinticuatro horas antes se proyectó "Vuelco". Compartí proyector con Spielberg... Es lo más cerca que hemos estado él y yo jamás... Aish.

Más vuelcos

Tras el autobombo de varias entrevistas en distintos medios conejeros, el estreno de "Vuelco" en Lanzarote resultó rutinario pero igual de gratificante que el de Tenerife o Las Palmas. Nacho, Paloma y yo nos hemos acostumbrado a decir más o menos lo mismo en la presentación del corto, así que ya somos un poco cansinos. Y aún nos queda Madrid y lo que nos echen... A ver si nos renovamos.

Entre el público de Lanzarote, algunos políticos isleños y muchos reencuentros: profesoras de mi instituto, parientes cercanos y lejanos, amigas y compañeros de trabajo de mi madre y hermana, Sumaya, Germán... Del equipo de "Vuelco" nos acompañaron Ana, Mengue, Floro y David.

Me asustaba el público lanzaroteño. Mucha gente estaba allí viendo el primer corto de su vida, pero las reacciones fueron emotivas y muy de agradecer. Menos mal. Después de la proyección de "Vuelco" y del making of, tocó sobredosis de vida social en un cóctel en La Terraza del mismo centro comercial. Y tras el cóctel, sufrimos un angustioso empacho en una arepera colombiana de Playa Honda. Allí la gente empezó a pedir comida y casi no lo contamos... Faltó poco para que protagonizáramos una orgía de potas a las dos de la madrugada. Muy divertido todo.

Qué pereza me ha dado contar esto del estreno y de las potenciales potas. Se ha notado, ¿no? Este ventilador ya no surte efecto. Creo que en verano será mejor que me dedique a escribir telegramas como el del otro día...

En la próxima secuencia: Christian en Madrid, tarde de domingo "Esperando a Godot", cartas incompletas, paralelismos entre mi vida y la de Concha Velasco, Píter y Carlos en Zamora, Alberto y su prima concursante de "Operación triunfo", una salida del armario, embarazos no deseados, amores secretos del pasado... No digáis que no sé enganchar a mi audiencia.

Definitivamente, necesito aire acondicionado.

FUNDIDO A NEGRO