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28 Junio 2005
28. Volver a casa. INT./NOCHE

Existe algo extraño en el hecho de regresar a Lanzarote. Creo que, a pesar de haber nacido y crecido aquí, nunca he sentido de verdad que pertenezco a esta isla. Ahora, la mayor parte del tiempo, me siento más forastero que nunca. Me temo que carezco de eso que llaman raíces y que otros enarbolan hasta la extenuación. Porque, inevitablemente, recuerdo mi vida lanzaroteña con cierta mirada de reproche.
Hay aspectos que detesto de Lanzarote, empezando por su aplastante manera de dar la espalda a una discapacidad como la mía, infestando de barreras arquitectónicas la gran mayoría de sus calles y edificios. Dicen que, claro, esto ocurre porque es un lugar pequeño, porque los que usamos silla de ruedas conformamos un porcentaje más que minoritario de la población... Y una mierda. No existe justificación para tal cerrazón de ojos, para tanta brutal falta de concienciación. Parece que la cosa cambia poco a poco, pero muy poco a poco. Ya hay bordillos con rampa y dos o tres guaguas adaptadas. Aleluya.
Lanzarote se encargó de expulsarme de su hipnótico pero muy marginador paisaje, que ahora contemplo con ojos nuevos y maravillados, casi como un extranjero más. Ya no soportaría residir en esta tierra de forma regular. Esos grandes iconos turísticos, famosos en el mundo entero, a mí me son vetados porque sí. Qué bonitos esos Jameos del Agua, ese Jardín de Cactus, esa Cueva de los Verdes... Bonitos para quienes puedan entrar a verlos. Menos mal que yo los visité de pequeño, en excursiones del colegio, cuando aún andaba.
Mentiría si no dijera que también hay mucho de reconfortante en cada regreso a casa, a mi refugio con las paredes empapeladas de carteles de cine y repleto de obsoletas películas en vhs. Mi familia, algunos viejos amigos y las toneladas de recuerdos que conforman lo que ahora soy me unen a este lugar para siempre, pero no suelo echarlo de menos. Echo de menos la calidez de la gente conejera, ese acento tan entrañable que a mí se me ha desvirtuado tras años en Salamanca y Madrid, pero no la isla.

Muchas veces me preguntan por qué rodé "Vuelco" en Tenerife y por qué aún no he dirigido nada en Lanzarote. Quienes me conocen saben que intenté rodar "Cuento de Iada" en Lanzarote, y lo intenté con todas mis energías durante más de un año. Pero aquello resultó un acto masoquista, como darme de bruces contra mil mastodónticos muros; un frustrante desgaste de ilusiones y esperanzas. Lidié con empresas y políticos con una sensibilidad artística igual a cero. Antes de pedir dinero para el corto, casi tuve que explicar qué es un corto. Sólo un pequeño logro: quinientas mil pesetas que me concedió el Cabildo, una cantidad ínfima para poner en pie un cortometraje en 35 mm., y que, ya que "Cuento de Iada" nunca se rodó, he invertido en la producción de "Vuelco".
"Vuelco" se rodó en Tenerife porque allí encontré el apoyo de Ana Sánchez-Gijón y de El Cielo Digital como productora. Gracias a este apoyo y a la fe de Ana en el proyecto, llegaron el resto de patrocinios y la coproducción de Televisión Canaria. Mientras, las autoridades políticas de mi isla "traspapelaban" una y otra vez mis solicitudes de colaboración para "Vuelco".
Ahora hemos conseguido que el Cabildo de Lanzarote se digne a pagar los billetes y el alojamiento de Nacho y Paloma, que vendrán mañana desde Madrid, y de Teddy, Floro y David, que viajarán desde Tenerife el jueves. Una gran hazaña, tal y como está el patio.
Tras mucho insistir, también hemos logrado que "Vuelco" se estrene en los Multicines Deiland y no en la sala del Centro Cultural El Almacén, un lugar acogedor (y con una programación exquisita) en el que he proyectado "Lluvia", "En otra vida" y "Estrela", pero que, sin embargo, cuenta con una insufrible ristra de escalones que, hasta el momento, he sorteado gracias a que mi padre ha cargado conmigo y con mi silla manual.
Esta vez quise acabar con eso, dignificar la noche del estreno de "Vuelco" y negarme a ser parte de un lamentable numerito de "sube y baja" del director en silla. Me costó que lo comprendieran, dijeron que lo más cómodo era estrenar en El Almacén... ¿Lo más cómodo para quién? Porque para mí desde luego que no.
A menos de dos días para la proyección, quiero lanzar unos cuantos agradecimientos. Y es que en los preparativos del estreno de "Vuelco" en Lanzarote ha sido esencial la labor de Gango, de Agapito y, sobre todo, de mi hermana. A ellos, muchas gracias desde estas líneas.
Voy a intentar dormir un poco. Dentro de unos horas aterrizan Nacho y Paloma en el aeropuerto de la isla e iré con mi madre a encontrarme con ellos.
Los chicos del vuelco llegan a la tierra de los volcanes. Ya os contaré si se reactiva algún cráter de repente...
FUNDIDO A NEGRO
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