21 Diciembre 2008

485. Mis manos frías. EXT./DÍA



Es mi tarjeta de embarque, con Batboy al fondo en la terminal 2 de Barajas, minutos antes de embarcar en mi vuelo con destino a la Navidad en Lanzarote.

Ya en el avión, una amabilísima azafata rusa, E. Petrova según su placa, me trae un periódico, me coloca una almohada tras la cabeza sin que yo se lo pida y, tras fijarse en mi cara, me pregunta si estoy llorando. Resulta que E. Petrova es amable pero también indiscreta. Cosas de Rusia, supongo. "No, es que me pican los ojos", respondo, dándome cuenta de que, como patético personaje triste y atormentado, no sirvo ni para un guión de los malos de Isabel Coixet.

Ocupando el asiento detrás de mí, está Goya Toledo, que también viaja a su Lanzarote natal por Navidad, y me entran ganas de decirle que es muy injusto que no esté nominada al (precisamente) Goya de actriz secundaria por la ninguneada "Los años desnudos", aunque si me pusiera a hablar de las muchas nominaciones vergonzosas de este año, no acabaría en un buen rato. Pero enseguida me quedo sobado, que apenas he dormido la noche anterior.

Dos horas y pico después, el sol conejero y sus veintidós grados de temperatura consiguen que quiera quitarme el jersey ya en la pista de aterrizaje del aeropuerto. Estoy en Lanzarote, isla a la que no viajaba desde hace hace ocho meses, cuando cumplí los fatídicos treinta. Y luego todo lo demás viene de golpe: mis padres, mi casa, mi hermana, la perruna Amaru, mi cuarto que sigue tal cual, las pelis en VHS, la lasaña familiar, mi primo que ha crecido diez centímetros y con el que veo un trozo de "Sé lo que hicisteis el último verano 3", mi abuela preguntándome por qué tengo las manos tan frías...

Cuanto más tiempo paso lejos de aquí, más extraño es volver.

FUNDIDO A NEGRO

Y en el spin off...

-Ya estoy...
-Combatiendo zombis.