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07 Octubre 2008
461. Todos los pájaros muertos. INT./NOCHE

Resulta que para la grabación de "Pajaritos" me hacía falta un pájaro muerto, un gorrioncillo típico. Era esencial para el desarrollo de la historia. Estaréis hartos de leerlo, lo he contado aquí en varias ocasiones.
Y no se nos ocurrió otra cosa que iniciar una búsqueda de algún cadáver de pájaro por parques y jardines. Nos obsesionamos con ello durante un par de semanas. Sobre todo Batboy, que se encargaba de madrugar a finales de agosto para recorrerse parques inhóspitos, siempre con una bolsa en el bolsillo, por si sonaba la flauta en cualquier momento. Dedicó muchas horas a la búsqueda, y yo se lo agradezco un montón.
El asunto, por supuesto, era motivo de cachondeíto en mi entorno. Me sugerían que preguntara en la sección de "gorriones muertos" de El Corte Inglés. Me llegaban mensajes multimedia con cadáveres de pájaros encontrados en provincias lejanas a Madrid. Mi madre me ofreció un pajarito de cerámica espantoso que compró no sé cuándo en los chinos. Me decían también que matara un pájaro cualquiera con un tirachinas, que al final de las pelis siempre se lee eso de "ningún animal ha sido herido durante el rodaje de esta película", pero que la palabra clave de esa frase es "durante", porque nadie dice nada acerca de lo que se hace "antes" del rodaje. Me ahorro nombrar al autor de esta última y maquiavélica idea...
Entonces, cuando se acercaba irreversiblemente el fin de semana en el que estaba previsto grabar "Pajaritos" y mi angustia se volvía acuciante porque no nos topábamos con ningún cadáver usable, se obró el milagro. Apareció Dani, y nos habló de unos pájaros disecados que una profesora de la facultad en la que él curra utiliza para sus clases. Y me brindó tres pájaros metidos en una caja de cartón. Respiré aliviado: los tres darían el pego ante la cámara. Y, entre los candidatos, elegí el pájaro más feíllo, el del centro en la foto de abajo. Elegí a Penquito.

Durante la grabación del corto, Penquito aguantó estoicamente diversos malos tratos, las cosas como son: flotó en el agua de la piscina, pasó de mano en mano una y mil veces, esperó su turno para grabar en lugares poco cómodos, soportó miradas de asquito y rechazo de algunos que ni lo querían tocar, le echamos una pala de tierra encima y sin compasión... El pájaro se portó, la verdad. Pobre Penquito.
En "Pajaritos", el pájaro muerto constituye una metáfora a varios niveles, o eso pretendo. Es el fin de la inocencia. Es la representación de esa idea bucólica e idealista del amor y los vínculos que, inevitablemente, siempre termina muriendo. Es el símbolo del momento en el que a uno no le queda más remedio que abandonar el nido y enfrentarse a un mundo adulto en el que, muchas veces, los sentimientos se vuelven tóxicos y te hacen daño. De eso sé un poco ahora mismo.
El otro día, Penquito volvió a su caja de cartón. Se lo devolví a Dani. Y el pájaro regresó a su vida disecada y didáctica en la facultad. La devolución se produjo en un Faborit del centro, entre un zumo y un café. Al final me dio hasta penilla desprenderme de Penquito. Esa tarde, además, Dani y yo hablamos mucho rato de "Cicatrices", así, con la primera "c" mayúscula, pero esto lo cuento otro día, pronto.
Mientras, me quedo aquí pensando en todos los pajaritos que han muerto fulminados a mi alrededor en las últimas semanas.
FUNDIDO A NEGRO
Y en el spin off...
-Albacete es Springfield.
-La vida secreta de "Vuelco".
-Pop Rober.
-La baya.
-Ño y su sitio en Madrid.
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