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31 Julio 2008
441. Mochilas. EXT./DÍA

Los que cruzan la calle son Sam y Rachel, yéndose a Turquía. Vale, en realidad, se iban a su casa y no subirían al avión hasta la mañana siguiente, pero la foto recoge el momento en el que los demás nos despedimos de ellos, tras cenar todos juntos. Las risas cómplices de la noche habían conseguido que casi olvidáramos lo ocurrido...
...OCHO HORAS ANTES:
Estoy con Sam, Ale y Diego en el Starbucks de Atocha, al ladito mismo del museo Reina Sofía. Charlamos distendidamente sobre "Pajaritos". Cuento mi rollo habitual acerca de los personajes del guión y sus vínculos confusos y perturbadores. Hablamos luego de nuestras cosas. Jijijaja. Hasta que se nos acerca una de las camareras. "Chicos, tened cuidado con vuestras pertenencias, que está entrando gente peligrosa", nos advierte. Tarde. A Sam casi le falta tiempo para volverse... y percatarse de que su mochila ya no cuelga del respaldo de su silla.
Pánico. En apenas unos segundos, Sam hace balance del desastre: en la mochila no sólo están su tarjeta de crédito y las llaves de su casa, sino también el D.N.I. y su pasaporte. Y en menos de veinticuatro horas parte su avión hacia su destino vacacional, Turquía. Todos palidecemos, Sam el primero.
Nos convertimos rápidamente en personajes de una versión cañí de "Corrupción en Miami". "Corrupción en Atocha" sería. A Ale le ha parecido divisar a un posible sospechoso. Salimos del Starbucks. Una joven que está sentada en una terraza cercana nos cuenta que ha visto a un tipo gordo y sudamericano intercambiarse una mochila con otro tipo gordo y de ojos achinados. Sam y Ale van de un lado a otro, hacemos guardia en las esquinas, miramos en papeleras y contenedores por si el ladrón se ha deshecho de la mochila o los documentos, Ale escucha incluso una conversación entre dos posibles compinches del artífice del robo, pero nada sirve de nada. Sin más remedio, Sam llama a la poli y realiza una denuncia telefónica. Yo llamo al banco y bloqueo su tarjeta de crédito. Nos cagamos una y mil veces en los rateros, terroristas de la cotidianidad, repugnantes jodevidas de un momento a otro.
El resto de la tarde es un infiernito para Sam. De una comisaría a otra y nadie le asegura que vaya a poder viajar a Turquía. Y además hay que cambiar la cerradura de su casa... Al final, una buena samaritana, en no sé qué comisaría, accede a expedirle sobre la marcha un nuevo D.N.I. y un nuevo pasaporte. Menos mal. Sam me llama para contármelo. Suspira.
Y YA POR LA NOCHE...
Cenamos en nuestro Peach Pit particular, ese restaurante chino-japonés (sirven platos de ambas nacionalidades, no me entero bien). El día se ha hecho largo, se agradece la distensión, se impone la complicidad a prueba de bombas. En el restaurante estamos Batboy, Rachel, un tocatetas Mr. Cold, Sam por supuesto, Borja2, Chico Lee, Pablo y yo detrás del objetivo:

Y Sam nos pide que le refresquemos nuestras direcciones para enviarnos postales. Y agarra con fuerza su nueva mochila, una que se ata al pecho y a la cintura. Nadie se la volverá a arrebatar.
Pasadlo genial en Turquía, muchachos.
FUNDIDO A NEGRO
Y en el spin off...
-¡Es Lucía!
-Orcasiteando.
-Economista Cold.
-Las calles en verano.
-Batboy & Tom.
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