13 Julio 2008

436. No sé nada de plantas. INT./DÍA



Cuando mi madre cumplió mi edad actual, yo tenía nueve años. Es decir, a sus treinta, mi mamá (con la ayuda de mi papá, claro) ya se había pasado casi una década cuidando y protegiendo a un niño de peliagudo historial médico (atrofia espinal, catarata en un ojo, otras pulgas varias de perro flaco...), con el añadido de que la responsabilidad pronto se convirtió en doble, pues tres años después de nacer el menda, llegó mi hermana.

Hoy por hoy, resulta increíble pensarlo: nuestras madres nos parían rozando la veintena y yo, por mi parte, con treinta tacos, parece que ni siquiera soy capaz de cuidar de una simple y triste planta.

La planta de la foto me la dejaron aquí en casa precisamente mi madre y mi hermana en su último viaje a Madrid. Es el tercer intento de que cuide de un ser vivo después de que me regalaran un tronco de bambú, que murió por falta de agua, y un cactus, que también murió... más o menos por lo mismo. Es que me dijeron que el cactus apenas había que regarlo. Apenas.

Últimamente, a la planta de la foto se le han caído algunas hojas. ¿Es eso un síntoma de enfermedad? Si es así, me preocupo. Porque esta vez no estoy dispuesto a permitir que esta planta se muera. No. De ninguna forma. Quiero hacerme cargo. Cuidar de ella yo solito. Experimentar que un ser vivo depende únicamente de mí. Su muerte supondría mi mayor fracaso hasta la fecha: la constación de que nadie debe fiarse de mi sentido de la responsabilidad. Quizás la estoy regando demasiado... ¿Puede morir por exceso de agua? Es que no sé nada de plantas. Y me estreso.

Luego he pensado también que, a lo mejor, mi relación con las plantas es como la de E.T. con la suya, la que le regala Gertie...



Cuando E.T. se vuelve alicaído, débil, triste y enfermo, su planta lo refleja. La mía lo tiene chungo entonces. Pero que no se muera, por favor. Que mi corazón se encienda y la planta se reanime...

FUNDIDO A NEGRO

Y en el spin off...

-Al sol en el Matadero.
-Hace un año, Almería.