26 Mayo 2008

423. Llegó Indy. INT./DÍA



Ya está.

Ya la he visto. En Barcelona, además.

Como no podía ser de otra forma, me enfrenté a "Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal" el mismo día del estreno y en la primera sesión. Fue en los Cinesa Maremagnum, en pleno Port Vell, a las cuatro y cuarto de la tarde, con Batboy.

La acuciante expectación con la que esperaba esta película desvirtuó seguramente este primer visionado. Mi apabullamiento impidió que la disfrutara en su justa medida y en los términos adecuados. Porque no hay nada peor que ansiar con intensidad la llegada de una peli que, en realidad, lo último que pretende es resultar intensa...

Escribo esto días después de esa tan anticipada sesión de cine vespertina, habiendo digerido lo visto y tras escuchar opiniones poco entusiastas de varios amigos. Yo, por mi parte, ya no soy el niño de once años que vio "Indiana Jones y la última cruzada" en 1989 en los cines Atlántida de Arrecife, pero esta nueva y tardía entrega de las aventuras del celebérrimo Indy me retrotrajo en lo posible a aquella edad y aquella forma de disfutar el cine. Y lo consiguió siendo sólo lo que tiene que ser: un descomunal entretenimiento repleto de ligera diversión, carisma, guiños y mucho cachondeíto.



Cierto es que la película puede decepcionar en parte si, tras diecinueve años desde "La última cruzada", esperas con avidez algo excesivamente grandilocuente o en cuanto compruebas que Spielberg se ha decantado en algunos momentos por la ley del mínimo esfuerzo a la hora de rodarla (cromas por doquier, empacho digital a pesar de que habían prometido que no lo habría...), y no menos cierto es que me chirrió un montón esa recta final del argumento que hizo realidad mis peores sospechas (sí, extraterrestres y además visualizados de forma pelín facilona teniendo en cuenta que se trata del director de "Encuentros en la tercera fase" y "E.T. el extraterrestre"), pero la sensación general, de principio a fin, es gozosa, extasiante, orgásmica, y eso bien hace que la espera haya merecido la pena de sobra.

También reconozco que se me olvidaron todos los disgustos gracias al encanto de los dos minutos que despiden la peli (¡oh, Marion, menos mal que has vuelto!, aunque te den tan poca cancha), que corroboran que Spielberg y Lucas en realidad se han tomado muy poco a pecho esta cuarta entrega, que la han concebido como una celebración nada pretenciosa de la saga y que en absoluto han querido rodar el no-va-más en el cine de aventuras. Qué morro, dirán algunos, porque se van a forrar de todos modos...

En fin, ¿se la podían haber currado más? Pues sí, supongo. ¿La disfruté igualmente segundo a segundo? Por supuesto. ¿La volveré a ver? Esta misma semana.

FUNDIDO A NEGRO

Y en el spin off...

-Gorra oficial con palomitas infinitas.
-PostBarna.
-Recuerdo de Ño.
-Niña, qué rico está esto.
-La música de Indy.
-Los ánimos de Sam.
-Fechas canarias para "Nuestro propio cielo".