23 Abril 2008

415. La vulnerabilidad de los grandes. INT./NOCHE



Borja2 no se atrevió a decirle ni mu a su adorada Penélope. Ella pasó como una exhalación a nuestro lado y él se dedicó a mirarla con ojos de veneración. "Qué guapa, ¿no?", me comentó con los nervios propios de quien se halla muy cerca de alguien trascendental en su vida cinéfila. "Eres tonto, tenías que haber hablado con ella, que estaba a huevo", le reproché. Esto ocurrió el otro día, en el preestreno de "Elegy" en el cine Capitol.

Unos minutos más tarde, en el atestado vestíbulo del cine, intentamos recuperar el rastro de Pe, pero no hubo forma. Se había esfumado. Fue entonces cuando me fijé en Isabel Coixet, que estaba allí, en una esquina del vestíbulo, cerca de la salida de emergencia. Leonor Watling se encontraba a su vera, quitándole una pestaña de uno de los cristales de sus gafas, o eso me pareció. Pero, sobre todo, me sorprendió que no hubiera un remolino de gente alrededor de la directora de "Mi vida sin mí"; me sorprendió verla allí, tan sola, casi diría que deliberadamente apartada del tumulto que había acudido en masa a disfrutar de su nueva película.

En ese momento, me puse muy plasta e insistí e insistí para que Borja2 posara junto a Isabel Coixet. "Venga, va, te hago una foto con ella", le repetí una y otra vez. "En fin, si te hace ilusión...", me respondió al final B2, básicamente para que le dejara en paz. Así que se acercó a Coixet, le preguntó si podía hacerse una foto a su lado y ella asintió ("son cinco euros", dijo la Watling, muy sembrada). Mientras yo me colocaba para disparar, B2 felicitó sinceramente a Coixet por "Elegy". "Es mi favorita de tu filmografía", le dijo. Estoy de acuerdo con ello.

Disparé el flash, e Isabel, realmente maja, me miró después, esperando alguna especie de aprobación por mi parte con respecto a la foto tomada. "Ha quedado bien", aseguré. "¿Si?", preguntó ella como si no terminara de creérselo y casi quisiera ver el resultado en mi cámara o hacer otra toma... Finalmente, le dimos las gracias y nos despedimos.

Aunque "Elegy" me gustó, no soy demasiado devoto del cine de Isabel Coixet en general. Además, sinceramente, siempre me han puesto malo sus presentaciones en estrenos o sus discursos de agradecimiento cuando gana premios, porque nunca he terminado de entender esa actitud tan nerviosa e insegura que demuestra públicamente. No sé, me costaba creer que una directora como ella, a estas alturas, tras lograr múltiples reconocimientos a nivel mundial, teniendo una horda de admiradores a sus pies, habiendo recibido la llamada de Hollywood, no vaya por la vida con una actitud un poco más sobrada o no esté por encima del bien y del mal en muchos aspectos. Y conste que esto lo cuento en pasado, porque esta percepción mía cambió en gran medida la otra noche.

Observando a Isabel Coixet durante unos instantes, allí en aquella esquina apartada del vestíbulo del cine, visiblemente inquieta y apabullada por la situación, me pareció estar viendo más bien a una directora primeriza que acababa de estrenar su primer cortito y que, a pesar de los aplausos, se sentía aterrada ante la posibilidad de que su trabajo no hubiera gustado a la gente. Me creí de veras su humildad. La vi realmente frágil, vulnerable, casi paralizada, padeciendo el habitual vértigo posterior de una proyección con público, sin saber bien con quién hablar ni qué decir, queriendo irse a casa o a cualquier otra parte. Y no pude evitar sentirme identificado y recordar la angustia de mis noches de estreno, salvando todas las distancias entre lo mucho que ha logrado ella y lo poquito que he conseguido yo.

Me di cuenta, con las pruebas delante, de que en esta carrera uno nunca deja de sufrir ni se relaja. Que da igual que seas un pringado cortometrajista o que te conviertas en un cineasta veterano, prestigioso y multipremiado que curra con los grandes y que se pira a Hollywood a rodar una superpelícula sin perder su personal estilo. Porque siempre te expondrás al espeluznante abismo ante cada nuevo trabajo y tragarás saliva cuando se apaguen las luces de la sala. Y te pondrás en lo peor y te autoflagelarás por los errores que creas haber cometido... Y te cagarás de miedo por lo que pueda ocurrir. A Isabel Coixet le sigue pasando.

Así que nada, triunfe o no, llegue lejos o me quede en el camino, hay algo claro: los que hacemos cine, o lo intentamos, hemos venido a este mundo a sufrir. Más me vale asumirlo cuanto antes.

FUNDIDO A NEGRO

Y en el spin off...

-Se busca pájaro muerto.
-Cold pasa de posar.