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25 Mayo 2005
18. Calor y lágrimas. EXT./DÍA

El estreno de "Globos" será el jueves 9 de junio, a las 22.30 horas en el Cine Capitol de Madrid. Allí estaré con Píter, Carlos, Azu, Chispa, Rous... Si queréis entradas, mandadme un e-mail con vuestra dirección postal, que de momento hay de sobra.
Hoy no escribiré demasiado. La apatía me puede. Mañana haré un inesperado viaje relámpago a Tenerife. La Filmoteca Canaria me ha invitado a presentar la nueva proyección de "Vuelco" que tendrá lugar a las nueve de la noche en el Cine Víctor, el mismo cine en el que el corto se estrenó hace menos de un mes.
"Vuelco" se proyectará dentro de la iniciativa "Canarias en corto", que forma parte de las actividades con las que se celebra la efeméride de la comunidad autónoma. En la misma sesión, creo que pasan "El olor del café", uno en el que Aarón curró de director artístico. Loco, si lees esto, te llamo cuando llegue.
Estaré poco más de veinticuatro horas en Tenerife, así que el asunto me produce cierta pereza. Pero es lo que tiene parir, que luego uno está moralmente obligado a cuidar de su criatura allá donde ésta vaya...
Mi desidia de los últimos tiempos ha conseguido, sin embargo, que renuncie a viajar el domingo a Agadir (Marruecos), donde también se proyectará "Vuelco" en una sesión especial en el Hotel Sofitel. La posibilidad de visitar la costa marroquí se presentó de forma un tanto precipitada y hasta me pilló sin pasaporte. En mi lugar, viajarán Ana y Mengue, que, con toda seguridad, cuidarán de la criatura con mucha más convicción que yo en este momento.
Un bus cualquiera
Estos días me encuentro especialmente asocial. Será cosa de la llegada del calor sofocante, que comienza a atosigarme evidenciando el inefable paso del tiempo. Otro verano... Je, con lo que sufro yo por culpa de los amores veraniegos...
Hace unas horas contemplé una escena poco agradable, de ésas que chocan frontalmente con la supuesta vitalista luminosidad de un día en el que el termómetro roza los treinta grados. Yo iba en un autobús de la línea 56 y en una parada un chico entró llorando a lágrima viva. Tendría diecisiete o dieciocho años: pelo corto y de punta, un pendiente en la oreja derecha, chándal y zapatillas deportivas. Se aferró a una de las barras verticales del bus y siguió llorando desconsoladamente durante el trayecto, cubriendo su rostro con una mano y necesitando un abrazo de manera imperiosa.
A su lado estaba una mujer que supongo que era su madre, y las sonoras lágrimas del chico enseguida llamaron la atención de varios ancianos cotillas que no parecían tener nada mejor que hacer que interesarse morbosamente por la desgracia ajena. "¿Qué le pasa?", preguntó un balbuceante anciano a la madre del chico. "Que le han llamado y le han dicho que se ha matado un amigo", contestó la mujer casi como si quisiera restarle importancia. Creo que las lágrimas del muchacho se acrecentaron al escuchar la forma en que su madre simplificaba su dolor con dos demoledoras frases unidas por una sencilla conjunción. "¿Y cómo se mató?", preguntó otra anciana con jersey de cuello alto. "Ya puestos, exprimamos la situación", pensaría la implacable mujer del jersey...
Me impresionó que la madre no intentara consolar apenas a su hijo. Sólo en un momento dijo: "Tranquilo, Raúl, que ya llegamos a la parada", quizás más preocupada por verse convertida en el centro de atención del bus que por otra cosa. En cualquier caso, así supe que el chico se llamaba Raúl. Y sentí ganas de gritar a la madre que a Raúl hoy le importa una mierda llegar o no a la parada... ¿En qué parada se apea uno del dolor que no te deja respirar? Que me lo digan, que voy derechito.
Minutos después, Raúl, todavía llorando a destajo, y su madre bajaron del autobús rumbo hacia no sé dónde. Y la línea 56 continuó su curso. Y los ancianos cotillas cambiaron pronto de tema y comenzaron a hablar del calor o de vete tú a saber qué...
Espero que a estas horas alguien ya haya abrazado a Raúl. Y descanse en paz su amigo.
FUNDIDO A NEGRO
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