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26 Diciembre 2007
378. Brechabuena. EXT./NOCHE

En Nochebuena, mi madre nos regaló sendos álbumes de fotos a mi hermana y a mí. En cada álbum, nuestras infancias y adolescencias resumidas en un puñado de imágenes seleccionadas con esmero. Resultado: droga dura en papel fotográfico. Traca sentimental. Estado de shock al contemplar mi pasado reducido a descoloridas fotos con tremendas elipsis temporales entre ellas.
Un rato después, al final de la noche, volvía a casa en la furgoneta familiar. Mi madre conducía y yo hablaba despreocupadamente por teléfono con Pablo de nuestras respectivas veladas navideñas, de cualquier chorrada. Y entonces, un minifrenazo. Un fallo en mi equilibrio. Un descuido al agarrarme. El respaldo del asiento trasero que se vino abajo y no me retuvo...
Y me deslicé y caí de la silla. Y mi cara impactó inevitablemente contra el suelo de la furgoneta, quedándome boca abajo, a lo Thandie Newton en "Crash". Las gafas en mi boca. El móvil debajo mi cuello. Y un angustiado Pablo escuchándolo todo al otro lado del teléfono: la furgoneta deteniéndose, los nervios de mi madre, la ayuda de un transeúnte...
Ahora que lo pienso, habría sido de lo más cinematográfico morir en ese momento, haberme abierto la cabeza de verdad, en Lanzarote, tras haber recibido un resumen de mi vida en fotos y con Pablo escuchando mis últimos minutos de existencia. Tenía que ser Pablo. Tiene mucho sentido en el fondo.
Pero al final sólo ha sido una brecha y la frente un poco magullada...

Recuerdo que, mientras me reponía del susto, me llegó al móvil un mensaje de Batboy. Lo leí con los cristales de las gafas manchados de sangre. "Feliz noche de paz", me decía entre otras cosas. Me hizo gracia. Mensaje mítico desde ya.
Y eso, que son gajes navideños. Estoy más que bien. Seguiré dándole a la zambomba unos días por aquí.
FUNDIDO A NEGRO
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