21 Diciembre 2007

376. Una crítica de Rober Salas. EXT./DÍA



En el estreno de "Nuestro propio cielo" pedí a Rober que escribiera una crítica del corto para publicarla aquí.

Consciente de que mi tocayo no es demasiado devoto de mi trabajo y que hay abundantes aspectos de mis cortometrajes con los que no simpatiza en exceso, la idea, en principio, era que redactara un texto un tanto destroyer que frenara y compensara mis posibles arranques triunfalistas después de la agradable recepción que obtuvo nuestro trabajo el pasado día 11.

Pero, vaya, resulta que a Rober también le ha gustado "Nuestro propio cielo" (¡oh, mecachis!), y ha escrito una crítica arrebatadora que me ruboriza y que no puedo menos que agradecerle infinitamente.

Queda por tanto vacante el puesto de crítico que ponga a parir el corto con saña. ¿Quién quiere?

Entretanto, aquí va el texto de Rober.

Gracias mil, Rober. Tus palabras hacen ilusión verdadera.

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Un montón de personas se acumulaba entre saludos, abrazos y reencuentros mientras Roberto derrapaba de los nervios. Cuando llegamos, unos amigos lo vimos de lejos responder a las preguntas para la entrevista de ¿Tele Vallecas?, sus labios estaban resecos y algo temblorosos.

En el vestíbulo de los Cines Palafox estábamos todos expectantes, personalmente yo tenía mucha curiosidad por ver, al fin, el corto para el que diseñé el cartel a ciegas: Roberto solo me había enseñado un par de fotogramas en los que se veía la sábana "celestial" y nada más. Si hubiera visto el corto, el diseño del cartel seguro que habría sido diferente, lo pienso ahora y me lo veía venir de antes, pero da igual (el corto estuvo tan bien que incluso un "post-it" hubiera valido).

Cuando entró en la sala toda la gente, todavía le quedaban saludos que repartir. Después de unas charlitas de presentación en el escenario por parte de la organización (Lolita Peliculitas), por fin empezó la proyección.

"Nuestro propio cielo", la tercera pieza que se pudo ver aquella noche, fue el corto que más me ha sorprendido desde hace bastante tiempo. Sinceramente no me lo imaginaba así. Al contrario que los otros dos cortos anteriores que se proyectaron, que de una forma u otra encajaban en lo que me suelo esperar de un cortometraje (que no viene al caso).

Por eso agradezco enormemente a su director que no me dejara verlo casi un año antes, en una pantalla cutre de ordenador, cuando me empezó a hablar del proyecto. Y aunque he rabiado todo lo que he querido, he de decir que me encantó, que ahora soy más partidario de las sorpresas en general, y que ésta ha sido de las mejores (puede competir con un deseado Telesketch en una mañana de Reyes de hace años).

Los hombros de Alejandro y su mirada, el cuello de Sofía (Son), sus labios, y los brazos y las manos de ambos... Todo empezó demostrando que se puede disfrutar de la belleza del cuerpo humano de la forma más sibarita y perversa. Ellos están allí, unidos, en una cama que viene a ser el paraíso más objetivo que se puede mostrar en cine: chico y chica, juventud, belleza, carne y cierta pereza aislante que les impide saber lo que les viene encima. El espectador entra de lleno en el corto (si no es por ella, es por él) y a la vez que entra en la cama, entra en ese paraíso que va a ver desintegrado en media docena de frases.

La guerra de sexos está servida. Sin maniqueísmos ni evidencias presenciamos una guerra fría, exterminadora. Ella, la Eva de nuestro paraíso, con su intervención sobre el lunar de él conforma la única introducción. Roberto Pérez Toledo consigue que en la frase de ella, "éste es nuevo", se solucionen todos los típicos preámbulos necesarios para introducir una historia. Se podría hablar de una apertura temática, presentación de los personajes, esquematización del conflicto (lo que se sabe del otro, lo que se ignora), etc., en tan solo esos segundos. A partir de aquí ya todo va encaminado a la destrucción que busca el director con mucha mala baba y muy buen gusto. Mínima introducción y adelante: Eva coge la manzana, le da un mordisco y se acaba el paraíso.

Todo el mundo que lo tenga puede sospechar que su cielo está en peligro. De hecho yo le tengo pánico a la buena suerte, a los cielos compartidos, y muchísimo a las tentaciones, porque caigo en todas. Las desmesuradas fantasías sexuales de la chica representan una amenaza que brota de todas partes. La insatisfacción y el vacío existencial de un ser humano no pueden ser sustituidos por una confortable vida en pareja. Ojalá. Tampoco la inseguridad, ni el miedo a la soledad, ni la vergüenza, ni el diluvio.

Parece difícil (seguro que lo es) conseguir que una cosa tan brusca y por momentos grosera, en cuanto a su forma y fondo respectivamente, funcione de verdad de una manera tan elegante y discreta. El corto posee un ritmo idóneo y unos recursos perfectos. Hay tiempo para sorprender por varias vías; hay humor y tensión dramática. Es provocador (con esto quiero decir que es menos ñoño que otros cortos de Roberto) pero no es insultante ni gratuito. Es evidente que esa provocación no surge de un deseo de llamar la atención sobre lo arriesgado o alternativo de hacer un corto semejante; sino sobre lo arriesgado o alternativo que puede llegar a ser el desarrollo de una historia tan sencilla como mortífera.

La historia goza de una credibilidad instantánea, es eficaz por su crudeza, y el guión está perfectamente construido. La separación entre asaltos (que son las diferentes fantasías) con las cartelas le da al espectador un respiro que deja al descubierto el nivel compositivo; evidencia, como un telón teatral, que lo que se está viendo no es la realidad (sin dejar de serlo) y subraya el carácter narrativo: como si fueran capítulos o epígrafes de la íntima conversación.

Además de tratarse de un buen corto en conjunto, también da de sí lo suficiente para destacar elementos aislados: la interpretación de los dos actores es asombrosa, por la naturalidad de Sofía (Son), pero sobre todo por la sensibilidad de Alejandro en su parlamento final. La fotografía también es francamente buena. Y la música original cierra el cortometraje como el mejor colofón.

Cuando después de la proyección del corto vi a Roberto de nuevo mientras todo el mundo le felicitaba (y él alucinaba), me dijo que no se esperaba esa reacción positiva. La sorpresa fue general, y eso demuestra la conexión entre director, corto y público. La vida que rueda Roberto Pérez Toledo está fraccionada en momentos, espasmos, noticias y reacciones. Y nadie duda de lo sorprendente que puede llegar a ser eso.

Rober Salas.


FUNDIDO A NEGRO

Y en el spin off...

-Las teorías de Borja2.
-Gara de ida y vuelta.
-Poniéndonos pez.
-"Rec".
-Sombra aquí, tallarines allá.