07 Diciembre 2007

370. Intocable chico eléctrico. INT./NOCHE



No hace mucho Rober me regaló una rata de peluche. La rata es fea, tiene cara de lerda y encima es de Ikea. Vamos, que lo tiene todo para antojarse repulsiva. Con el regalo, Rober me vino a decir, muy poco sutilmente, que a veces me comporto como una rata. Como una rata fea, lerda y de Ikea.

Tras entregarme el roedor peluche en aquel restaurante italiano, Rober me habló durante la cena de los daños colaterales que causo por doquier, de lo perjudicial para la salud que a veces se vuelve el hecho de ser mi amigo, de mi toxicidad inconsciente... Y yo, sin saber bien qué argumentar en mi defensa, sintiéndome muy mala persona, me dediqué a engullir palitos de mozzarella mientras escuchaba.



Que mi tocayo me hablara de lo tóxico que a ratos resulta estar cerca de mí me hizo pensar en un fenómeno reciente que me preocupa cada día más. Es que hace un par de meses, harto de mis constantes pinchazos, decidí cambiar las ruedas traseras de mi silla, que siempre han sido hinchables y de goma, por ruedas macizas, imposibles de pinchar. Y me las prometía yo muy felices en mi nueva vida antipinchazos, sin tener que preocuparme ante la posibilidad de pisar chinchetas, clavos y demás objetos punzantes...

Pero transcurrieron algunos días y, en distintas tesituras, comencé a notar un repentino aumento en mi carga personal de electricidad estática. Y así me he convertido en el chico de los chispazos. Quiero creer que es por culpa de las nuevas ruedas macizas, que se trata de una cuestión de fricción sumada al funcionamiento de las baterías de mi silla, porque no encuentro otra explicación.

La cosa es que ahora voy más cargado de estática que nunca, y no hay quien me roce en lugares como hipermercados, centros comerciales y otras grandes superficies interiores. Y yo mismo me lo pienso mucho antes de posar mis dedos sobre nada. Si toco cualquier objeto conductor de electricidad, corrientazo que me agencio. Si me tocas a mí, calambrazo que nos llevamos ambos. Un rollo.

Y tampoco sé muy bien qué hacer. Me compensa continuar con las ruedas macizas, pero no quiero transformarme para siempre en una especie de alter ego de Powder... Incluso he indagado en Google y he localizado un foro en el que individuos eléctricos como yo, generadores de chispazos cotidianos, comparten su preocupación y se preguntan si existe alguna teoría médica al respecto o algo así. Pero parece que no hay solución aparente...

En un mundo asquerosamente metafórico, mis elevados niveles de electricidad estática darían la razón a Rober. Mis descargas advierten que no es conveniente tocarme ni acercarse demasiado a mí. Porque puedes acabar chamuscado/a. Porque soy una rata eléctrica. Porque debe de ser que tengo más peligro que la barrera de seguridad del campamento de los otros en "Lost". Porque en ocasiones no estoy a la altura de la amistad que me brinda la gente que me quiere bien.

Y aquí me quedo pensando en comportamientos tóxicos, afectos eléctricos y susceptibilidades varias. Como contra-regalo, le he comprado a Rober el DVD de "Dentro del laberinto". Para que me busque dentro siempre que me pierda.

FUNDIDO A NEGRO

Y en el spin off...

-Un cartel descartado para "Nuestro propio cielo".
-"Blade Runner. Montaje final".
-Sam y el pasado de Jacinta.
-El corazón de Lee.
-Los aires nuevos de Batboy.
-Vampiro Mascato.