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19 Mayo 2005
16. El lado oscuro me cansa. EXT./NOCHE

Nunca he sido fanático acérrimo de la saga "Star Wars". Vi las tres pelis viejas varias veces de pequeño y luego las volví a ver en los reestrenos en cine de 1997, pero no viví estos visionados como una experiencia religiosa ni recuerdo detalles frikis del abigarrado universo creado por el visionario y calculador hombre de barba blanca.
En el verano de 1999 sí que me aborregué lo suficiente como para esperar con ansiedad el estreno del "Episodio I" (también es cierto que durante ese verano de prácticas en Madrid yo no tuve muchas cosas que esperar con ansiedad, así que en el fondo agradecí a Lucas que aportara un poco de sentido a mi época estival). Me dejé atrapar por la vorágine, compré semanas antes la entrada para la primera sesión en la sala 25 de Kinépolis y poco me faltó para ponerme la careta del hoy muy desfasado Darth Maul, si bien finalmente recapacité y opté únicamente por la camiseta.
Recuerdo que hasta me grabaron las cámaras de Madrid Directo (buff) en el vestíbulo del cine y disfruté de la película en una sala repleta de irracionales devotos, con locos aplausos y exacerbadas carcajadas que no venían a cuento, autocondenándome a formar parte de una amplificada, distorsionada y falsamente multiorgásmica experiencia cinematográfica. Si es que hasta me hizo gracia Jar Jar Binks...
Ante el estreno del "Episodio II" me comporté ya de forma mucho más sobria y desganada, como cuando voy a comer a un Rodilla. Conseguí acreditación para el pase de prensa y me libré de engordar las arcas de LucasFilms. Y esta mañana a las doce me tragué por fin el "Episodio III" en la primera sesión de los cines UGC Ciné Cité. Decidí acudir casi impulsivamente por la mañana para evitar colas (aunque había bastante peña) y sobre todo para no pagar más de 4.20 euros, que es lo que cuestan en UGC las sesiones matinales. Creo que ver este "Episodio III" fue como ir al dentista: una vez que sabes que tienes que hacerlo, prefieres que pase cuanto antes y quitártelo de encima, y luego, cuando acaba todo, te sientes muy aliviado...
Doblaje chungo y una Natalie muy marujona
Durante la proyección, desconecté en unas cuantas y ruidosas secuencias, y por momentos me dediqué a pensar en si será verdad eso de que Lola Flores tuvo un amante durante treinta años. Qué cosas. Se supone que este episodio de la saga es mejor que los anteriores, más trascendental, más oscuro... Pero Hayden lo hace peor que en la segunda parte y su doblaje le hace flaco favor (el doblaje es muy cutre de forma general en otras secuencias cruciales, como ese momento a tres bandas entre Hayden, Samuel L. Jackson y el que hace de Palpatine, que ahora no me acuerdo de cómo se llama). Y esta vez me cansó enormemente tanto entorno intangible y digital, en especial en ese volcánico duelo final que tan impactante debería resultar.
En esta entrega, Natalie, tras su memorable personaje de "Closer", aparece reconvertida en una preñada ama de casa muy sufrida, solitaria y llorona. Se pasa las horas mirando por la ventana y sólo le falta decir eso de "Anakin, es que no me sacas nunca". Eso sí, sufrirá mucho, pero sale monísima en cada plano. Ella antes muerta que sin brillo de labios, pintada como una puerta incluso en la secuencia en la que su amado, atosigado por las pesadillas del lado oscuro, despierta de madrugada y ella duerme junto a él con un peinado perfecto y un camisón adornado con unos collares de perlas que se me antojan comodísimos para sobar a pata suelta.
Siempre Williams
Si tengo que elegir, me quedo con la media hora final de la película, donde sí que produce cierta emoción comprobar cómo la cadena de seis eslabones encaja gracias a un galáctico parto de gemelos y al regreso un tanto irrisorio de la voz de "El tiempo es oro" y de los colchones Lo Monaco, aunque soy consciente de que la dimensión trágica y melancólica de este tramo de metraje viene dada en su mayor parte por la omnipresente y evocadora partitura de John Williams. Aish.
Pues eso, que hoy no estoy demasiado seguro de si lo que ha creado Lucas con el sexteto de episodios es un universo eterno y legendario o un vacuo y relativo entretenimiento transformado, en estos tres últimos filmes, en un cansino monumento a la poco inspiradora tela azul y en una abrumadora sobredosis digital por los cuatro costados de cada fotograma.
Bernabé en Suiza
¡Basta de droides! Hablemos de buen cine, que es a lo que huele la nueva y flamante película que Bernabé ha rodado en Suiza, titulada provisionalmente "A l'est". Conocí a Bernabé en la segunda edición del Festivalito. Él y Emma protagonizaron de forma sublime el instantáneo corto "Contar las nubes", grabado en los cuarenta minutos que me duró la batería de mi cutre-cámara.
Bernabé es un tío genial, se merece lo mejor, y estos días hemos retomado el contacto a través del Messenger. Me cuenta que en el rodaje en Suiza le han tratado como una estrella de Hollywood y que el director quedó tan contento con su trabajo que le ha escrito una secuencia adicional que se rodará el próximo mes de julio. Mucha suerte, tío. Y esperamos que la peli se distribuya por estas tierras poco propensas al cine suizo. En la foto, Bernabé en un fotograma de "A l'est".

Mientras concluyo estas líneas, me llega un inesperado mensaje de móvil. Alguien que resucita tras meses de silencio... En el mensaje leo lo siguiente: "Escucha a Anna Nalick. Una canción que se llama Catalyst. Me ha recordado a ti".
Anna dice en la canción que las luces de L.A. no brillan tanto como en las películas... Y en el estribillo canta: "You'll be the thing, you'll be the pain, you'll be the star, you'll be the road, rolling below the wheels of a car and all of the thoughts, oh god, don't know if I'm strong enough now, you'll be the thing, you'll be the pain, you'll be the catalyst..."
Pues vale... A pesar de todo, está guay la canción.
FUNDIDO A NEGRO
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