22 Octubre 2007

357. De vorágine y esperanza. EXT./DÍA



La protagonista de mi futuro primer largometraje ejerce como voluntaria en el Teléfono de la Esperanza. Y hasta allí me fui el otro día con mi afán documental, acompañado por Sam y Silvia, para comprobar in situ cómo funciona la sede del Teléfono en Madrid.

En el guión me inventé a mi manera una sede de este tipo. Y presupuse que el lugar consistiría en una gran sala con varias mesas contiguas atendiendo llamadas, pero me equivoqué de lleno. Me explicaron en primer lugar que la intimidad y el silencio son prioritarios, y que por ello las llamadas se responden en pequeños despachos individuales y con la puerta cerrada. Fue una de las varias creencias que se me desmontaron enseguida con sólo echar un vistazo por allí y que deberé modificar en el guión.

Acerté, eso sí, con el saludo que pronuncia mi personaje cuando descuelga el teléfono: "Teléfono de la Esperanza, buenos días", o "buenas tardes" o "buenas noches", según proceda. Efectivamente, es lo que dicen también en la vida real. Así me lo confirmaron tanto el director de la sede como la voluntaria Amelia, que nos trataron fenomenalmente, respondieron a todas mis dudas (muy peliculeras muchas de ellas) y me permitieron hacer fotos que luego envié a La Mirada para tenerlas muy en cuenta en las tareas de dirección artística.

La protagonista de mi peli es una joven que regala esperanza a diestro y siniestro, en turnos de cinco horas diarias, de forma casi inconsciente. El problema es que a ella le haría buena falta llamar en más de una ocasión al mismo Teléfono en el que se desvive como voluntaria. Para que alguien aporte también esperanza a su existencia, para que alguien le asegure que su plan tendrá un final feliz. En la foto de abajo, Sam y Silvia a contraluz ante la fachada de la sede del Teléfono de la Esperanza.



Sam, Silvia, Amelia y yo charlamos sobre las causas que provocan que alguien llame a un servicio de este tipo en busca de ayuda. Hablamos de soledades, de crisis suicidas, de llorar a solas y en silencio... De la necesidad asfixiante de ser escuchado, básicamente.

Amelia nos contó que ella, ya jubilada y tras haber superado un percance grave de salud, ha encontrado a su edad el equilibrio y la serenidad necesarios de cara a relativizar cualquier problema. Y en el Teléfono de la Esperanza ha descubierto el cauce ideal para brindar esa serenidad a quienes la necesitan. "Ya me dirás cómo se consigue ese equilibrio, porque yo sólo sé sentirme perdido e insatisfecho la mayor parte del tiempo", dije a Amelia. "¿Qué edad tienes?", me preguntó ella entonces. Respondí que veintinueve. "Es que estás en la edad de la vorágine, ya alcanzarás el equilibrio", me garantizó Amelia.

Y fue así como, sin esperarlo y sin tener que marcar el número del Teléfono, obtuve mi propia ración de esperanza para el futuro... Aunque ahora, de momento, no me quede más remedio que mandaros un saludo desde la más desasosegante vorágine.

FUNDIDO A NEGRO

Y en el spin off...

-Sam en "El internado".
-Los chicos en Gran Vía.
-Batboy en Santander.
-Sana preproducción.