27 Mayo 2007

306. El viaje. INT./DÍA



El otro día se volvió a pinchar una rueda de mi silla. Y, por momentos, creí que el pinchazo era nuevamente aplicable a otros aspectos de mi vida. Y que me quedaba sin aire... otra vez.

Pero apareció en el umbral de mi puerta, soltó el paraguas mojado y me abrazó. Y me aseguró que todo irá bien. Que esto no es más que el principio.

Cuando pasan los años y no encuentras a nadie que merezca la pena, crees que estarás siempre solo y te cagas de miedo. Pero cuando finalmente encuentras a alguien que reúne los requisitos básicos que soñabas, resulta que te cagas de miedo también. Es esa persona que esperabas, a la que miras a los ojos y no aparta la mirada, con la que deseas hacer tantas cosas que parece el tiempo no es suficiente para todo, que te hace sentir como si el mundo tuviera suerte de tenerte. Que te quiere bien.

Esa persona está aquí y es de verdad, y sí que te sientes afortunado, especialmente cuando te fijas en amigos tuyos a los que les cuesta sangre y sudor encontrar algo similar. Pero, aún así, algunos días lo único que te apetece es escapar de la forma más impulsiva, hacer que tu "estabilidad" salte por los aires, volver a estar solo, regresar al fango movedizo en el que te hundes pero, también, en el que todo es posible.

Hasta ahora, el viaje ha sido desorientado, turbulento, incierto y desasosegante, palos de ciego en estado puro, pero, igualmente, acojona pensar que puede que ya sepas a dónde quieres ir y con quién. Porque es imposible no echar de menos las turbulencias de vez en cuando.

Buah.

Dejo de divagar y aquí me quedo, en algún lugar entre el optimismo y la agonía.

FUNDIDO A NEGRO