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29 Enero 2007
266. Después de la boda. INT./NOCHE

A Sumaya, en plena ceremonia de boda, le dio por descojonarse... Después de dar el "sí" y mientras le colocaba el anillo a su ya casi marido, le entró un irrefrenable ataque de risa. Y a mí, que observaba la escena, se me contagió su hilaridad.
En la cara de Sumaya se leía algo así como "anda, mira, soy yo, qué cosas, ¡me estoy casando!, quién me lo iba a decir, me parto". Y rió y rió hasta que el concejal y la abogada pusieron fin al breve acto. Entiendo más que bien a Sumaya. Si yo me casara, por más enamorado que estuviera, también me partiría el culo.
El día de la boda, además, en Lanzarote hizo frío y llovió a tutiplén. Las autoridades decretaron incluso la alerta roja ante la posibilidad de que el temporal empeorara. Me causó gracia esto también. Y menos mal que Sumaya está feliz y ahora ya pasa de las señales y las relecturas. Con lo paranoico que soy yo para estas cosas, le habría encontrado mil angustiosas metáforas al hecho de casarme en un día de alerta roja...
Por lo demás, en la celebración-comilona de la boda, lo pasé guay con mis compañeras más próximas en la mesa presidencial, Vanesa y Mary Rosy, amigas del instituto a las que hacía un montón que no veía. Y casi había olvidado lo divertidas que son.

"No pienso invitarte a mi segunda boda", me amenazaba Mary Rosy cuando yo soltaba alguna impertinencia. Dice también Mary Rosy que quiere hacer de extra en mi peli, pero que, por descontado, será una extra muy sobreactuada. "Soy venezolana, la sobreactuación forma parte de mí", aseguró. Je.
La de la boda fue, en definitiva, una emotiva velada de revival, de regreso a los despreocupados tiempos del instituto, en los que conocí a Sumaya y nos hicimos amigos pedantemente cinéfilos, orgullosos de ser los únicos de nuestra clase que conocíamos a gente como Emma Thompson (sobre alguna peli de Emma y Kenneth Branagh giró nuestra primera conversación) o escuchábamos bandas sonoras de John Williams y James Newton Howard.
Pero la otra noche, mientras disfrutábamos del revival, por alli pululaba, implacable, el acta matrimonial de la boda recién celebrada, cortándome el rollo, recordándome que tengo veintiocho años y canas que contrastan con mis marcas de acné, dejándome claro que ya no es tiempo de chorradas, porque no estoy en tercero de BUP ni hay vuelta atrás en el tortuoso camino hacia no se sabe bien dónde. La gente se hace mayor, se casa, se compromete, cree encontrar su lugar, establece prioridades... Y todo cambia. Sumaya volvió a descojonarse cuando el camarero la llamó "señora"...
Sobra decir que deseo una enorme dicha y empachos constantes de perdices a Sumaya y a su entrañable Carlos en su nueva vida de casados. Pero, inevitablemente, yo me descojono también, me parto, me entra la carcajada tonta a poco que lo piense fríamente. Nunca falla: la idea de comenzar a comportarme como un adulto... me da risa.
FUNDIDO A NEGRO
Y en el fotolog...
-¿Posible remake a la vista?
-Zapatillas cochambrosas para una boda.
-Vuelo con Nau.
-Bailando en el parque.
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