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27 Diciembre 2006
256. Todo lo extirpado. INT./NOCHE

Pablo está a punto de quedarse sin una de las características más míticas de su físico: su lunar de la mano izquierda.
"Creo que ese lunar fue lo primero que vi de ti", le dije el otro día. Y no lo dije por decirlo. Es lo que tiene ir en silla de ruedas: que te fijas en las partes intermedias de los cuerpos, que están a la altura de tus ojos, antes que en las cabezas de la gente. Uy, qué mal ha sonado esto de las partes intermedias...
Bueno, la cuestión es que, desde que conocí a Pablo hará ya unos ochos años, ese lunar siempre me ha llamado la atención. Durante una época incluso me parecía que el lunar se desplazaba ligeramente dependiendo del día y llegué a pensar seriamente que Pablo se lo pintaba con un rotulador negro cada mañana al salir de casa. Pero no, resulta que el lunar es auténtico y que un médico ha sentenciado que hay que extirparlo porque existe la posibilidad de que se vuelva conflictivo y/o peligroso en el futuro. Pues vaya.
Pablo iniciará su nuevo año con una cicatriz en el lugar de su lunar potencialmente dañino, y lo peor es que, como no podía ser de otra forma, sólo veo metáforas en esta necesaria extirpación, sobre todo si me acuerdo de la última semana, en la que algunos viejos e inmaduros secretos del pasado han sido finalmente revelados, ocasionando un cataclismo involuntario. Con todas las cartas sobre la mesa, es hora, ahora así, de extirpar de verdad el pasado, de cerrar ciertas tramas sin que quede ningún cabo suelto, sin rencores anacrónicos ni lastre en las espaldas, sin intentar entender lo inexplicable, mirando únicamente hacia delante, hacia lo siguiente.
A colación de esto, pienso en todo aquello que a menudo nos vemos obligados a extirpar de cuajo con el fin de evitar posibles males y dolores conflictivos y/o peligrosos en el futuro. Y pienso también, inevitablemente, en los sentimientos que, con esa intención y cortando por lo sano, me he auto-extirpado yo durante este año que termina... y en las cicatrices que me han dejado.
Y llego a la conclusión de que lo extirpado bien extirpado está. De un tiempo a esta parte, he aprendido de sobra que se puede vivir con cicatrices; que lo normal es que, más tarde o más temprano, se olviden para simplemente quedarse ahí, en su sitio, sin que tus ojos apenas vuelvan a posarse en ellas. Y, mientras, tu vida avanza, evoluciona, se expone a cicatrices nuevas. Es lo que hay.
Pablo, por ejemplo, pronto olvidará que en su mano izquierda alguna vez hubo un lunar.
FUNDIDO A NEGRO
Y en el spin off...
-Superheroísmo a distancia.
-Truchas y azar.
-Rober di mare.
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