|
|
26 Noviembre 2006
245. La vida nunca funciona así. INT./DÍA

El otro día, Reme, la sin par mamá de Son, me preguntó por el desenlace de la historia aquella del reloj que conté en la secuencia 225, en el mes de octubre...
Pablo, que se ha hecho amigo de la chica que soñana con encontrar, a través de anuncios callejeros, al Roberto dueño del reloj dejado en Cádiz, me ha ido contando el devenir de la aventura, que, lamentablemente, no ha llegado a buen cauce. Incluso pedí a Pablo que propusiera a la chica soñadora, cuyo nombre mantendré en el anonimato, hacerse una foto con el reloj del tal Roberto, y arriba veis el resultado. Ése es el reloj en la muñeca de ella: el maldito reloj en el que yo mismo deposité mis últimas esperanzas en torno a la magia del amor, las metáforas y las casualidades.
Me cuenta Pablo que, en el tiempo transcurrido, la chica soñadora no sólo no ha encontrado a Roberto, sino que, harta y desencantada, se acercó con el reloj a una relojería de empeño, probablemente con la idea de al menos sacar una pequeña tajada económica de su decepción. "Ese reloj no vale nada", le dijo el relojero sin dudarlo.
Es el colmo: el reloj de Roberto es más falso que las tetas de Yola Berrocal. Tiene apariencia de bueno, pero no vale nada en realidad. Es un fraude. El reloj es el símbolo definitivo de un espejismo, como espejismo fue lo que la chica soñadora vivió la noche de verano en que conoció a su dueño en Cádiz.
El tal Roberto no ha aparecido y, francamente, ya no creo que aparezca. Lo más seguro es que en Madrid no quede ni uno solo de los carteles que la chica colgó. Y no tiene sentido colgar carteles nuevos. Ha pasado demasiado tiempo. Ahora llueve y hace frío, las ilusiones veraniegas no son más que un recuerdo difuso a estas alturas.
Lo siento por la chica soñadora, lo siento por Reme, lo siento por Pablo, lo siento por mí. Fue bonito mientras creímos que esta historia desembocaría en un final mágico que todos aplaudiríamos con ojos vidriosos.
Moraleja de domingo gris: estamos solos. La magia no existe, el destino tampoco. El amor a primera vista es un cuento chino. Las casualidades son sólo casualidades de mierda sin dimensión metafórica alguna. Ya lo dice Julieta en una canción de su último disco: "Estoy tan cansada de las canciones de amor, siempre hablan de un final feliz, bien sabemos que la vida nunca funciona asi".
Malditas sean las comedias románticas. Malditos los escritores, compositores y guionistas que nos engañan con sus finales felices.
FUNDIDO A NEGRO
|
|