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17 Septiembre 2006
214. Bernini contra Borromini. EXT./NOCHE

Hace unos días, me llegó la postal de arriba. Me la envió Javi desde la región del Alentejo, en Portugal. En el reverso, Javi me cuenta por qué eligió esta postal para mí: "No sé si te das cuenta, no sé si nos reconoces, somos ambos, tú y yo dentro de unos años, cuando la dignidad, o la falta de ella, empiece a desafiarnos".
Y yo he respirado aliviado, porque se me antoja tranquilizador saber que, si llego a viejo, Javi será mi amigo e iremos juntos a la barbería del barrio para echarnos unas risas y comentar entre chascarrillos que el mundo está fatal y que la juventud es muy chunga. Evidentemente, yo seré el anciano sentado; además, me molan sus zapatillas...
En la foto de abajo, aparece Javi en la Plaza del Dos de Mayo. Esta foto es de una noche de hace poco, un día que quedamos él, Pablo, Cucún y yo.

Javi me conocío a mí antes que yo a él. En enero, asistió a la proyección de "Vuelco" en el Cine Capitol, pero yo desconocía su rostro y él se ocultó entre la masa de espectadores. Al llegar a casa, me topé con un correo suyo: "Te escribo para decirte que te he visto esta noche, entre la multitud": así comenzaba su e-mail. Poco más tarde, en febrero, Javi acudió también al estreno de "Bailad para mí" en el Círculo de Bellas Artes. Y, una vez más, al regresar a mi dulce hogar, nuevo correo suyo en mi bandeja de entrada. "Estuve a punto de ir a saludarte, pero pensé que ya nos conoceremos mejor en otra ocasión, porque se adivinaba una noche de colegas y amigos de ésas que son íntimas y evocadoras de otros tiempos que se fueron y de los que vendrán", me contaba en esta ocasión. "¿A cuántos metros de mí estuviste en la noche del estreno?", le pregunté en una conversación internauta posterior. "A cinco o seis", me respondíó.
Un tiempo después, Javi se materializó al fin en carne y hueso ante mis ojos. Y me habló de su concepto del caos, de su relación de amor con la arquitectura y de lo importante que son las plantas en cualquier vivienda. Al día siguiente, haciendo caso de su consejo, me compré la única planta que medianamente me atrajo en la sección de jardinería del Hipercor: un cactus pequeñito.
A lo que voy, en aquel primer encuentro, Javi también me regaló un par de postales que me había traído de su viaje a Florencia: una del David de Michelangelo y otra del canon vitrubiano de Leonardo. En esta última, Javi escribió una frase: "La realidad trascendete es la ascensión al cielo, la crucifixión es tan sólo un preludio terrestre". "¿Y eso?", le pregunté. "Es algo que se dice sobre Bernini y Borromini y que me gusta mucho", me contestó.
Y Javi me habló de Bernini y Borromini, dos arquitectos y escultores enfrentados en la Italia del siglo XVII. Sus estilos eran totalmente contrapuestos y se odiaban el uno al otro. Por explicarlo mal y pronto, Bernini era una especie de artista vendido al poder, a las cortes y al papado; un genio, pero siempre conservador, clásico, sujeto a las normas preexistentes. Borromini, por su parte, era dueño de un estilo extravagante, anárquico, anticlásico, populista; por ello, sus contemporáneos consideraban que su obra era de mal gusto, bizarra e irrespetuosa. Así, metafóricamente, se creía que el arte de Bernini era capaz de ascender al cielo por su trascendencia mientras que el de Borromini era tan terrestre como una crucifixión. ¿Era así, Javi?
Y luego pensé que la rivalidad entre la concepciones de Bernini y Borromini es aplicable a todas las épocas y al arte en general. En el cine también existen Berninis y Borrominis. Salvando las distancias, se me ocurre que Berninis serían, por ejemplo, Clint Eastwood o Ron Howard, y Borrominis, Guy Ritchie o Santiago Segura. Y yo, como director, ¿qué quiero ser? ¿Un Bernini o un Borromini? Me da que seré un simple Robertini...
En cuanto a Javi, las conversaciones con él son siempre impredecibles. La última vez, si no recuerdo mal, charlamos sobre utópicos proyectos arquitectónicos, sobre el origen del amor verdadero, sobre lo que contó no sé qué maruja en "Hablar por hablar", sobre mi conflictiva amistad con Pablo ("deberíais ir a terapia", me recomendó Javi), sobre las viejas de su barrio adictas a la laca, sobre si la Pantoja realmente quiere a Cachuli...
Javi es el personaje imprevisible de la temporada que está a punto de arrancar. Y sí, en contra de lo que opine él, yo realmente creo que la Pantoja de verdad ama a Cachuli.
FUNDIDO A NEGRO
Y en "Mi vida rueda: The spin off"...
-Las sábanas.
-Ser mono.
-Son y las cucarachas.
-Mi primer beso.
-Famoso por ellos.
-"La joven del agua".
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