10 Agosto 2006

199. Construyendo un recuerdo. EXT./DÍA



Desde hace un tiempo, a Axel le ronda la idea de hacer algo con sus recuerdos. Quiere anotarlos, ordenarlos, quizás escribirlos en forma de relato. Necesita registrar en papel aquello que más recuerda de su infancia y adolescencia. "¿Por qué quieres escribir esos recuerdos?", le pregunté. "En primer lugar, para que no se borren", me respondió. Respuesta contundente. Y no hubo más que hablar al respecto. Sé muy bien a qué se refiere...

Axel es el colmo del despiste. Es tremendamente olvidadizo y me asegura que en muchas ocasiones le cuesta un descomunal esfuerzo recordar cómo fue su día anterior, dónde estuvo, con quién... Tiene que cerrar los ojos, concentrarse, y retrotraerse a su pasado reciente, pero a veces ni por ésas. Entiendo muy bien la preocupación de Axel por la supervivencia de los recuerdos... Él no se fía ni un pelo de su memoria. Y a mí me ocurre lo mismo.

Creo que, a día de hoy, mi memoria está en forma, nunca he usado agenda y soy capaz de recordar detalles absurdos de hace muchos años. Pero me aterra la posibilidad de que, de repente, esta facultad se debilite... o desaparezca. De ahí supongo que procede mi obsesión por grabarlo y fotografiarlo todo. Y de esa preocupación parte también esta misma web que estáis leyendo. Fue inconsciente cuando la creé, pero ahora me doy cuenta: necesitaba un instrumento para mi memoria, un muestrario de recuerdos con fechas y fotos, una base de datos de rodajes de diversa índole, un catálogo de encuentros, desencuentros y estados de ánimo. Bienvenidos a mi cápsula del tiempo contra el olvido, dedicada a los que han formado, forman y formarán parte de mi vida.

Y para que Axel y yo respiremos definitivamente tranquilos, aquí construyo el recuerdo resumido de mi tarde con él:

Axel y yo nos reencontramos el jueves pasado, 3 de agosto, treinta y cinco grados en los termómetros. No nos veíamos desde aquella caótica cena con la que celebré mi cumpleaños. Esta vez quedamos en la Estación de Méndez Álvaro. Allí, él y yo coincidimos por un rato con Carolina, recién llegada de Holanda y a la espera de subir a un autobús rumbo a Valladolid, donde la esperaba Píter. Y Axel y Carolina, ambos con devenires muy internacionales, congeniaron desde el primer momento. Cuando Carolina se fue, Axel y yo deambulamos sin rumbo y charlamos de mil asuntos durante unas cuantas horas. Axel me cae guay. Transmite un extraño sosiego con su sola presencia y me siento bien a su lado. Al final de la tarde, le saqué con mi móvil la foto de arriba. Y estrechamos nuestras manos y prometimos que nos veremos pronto. Él sonrió y desapareció bajando las escaleras de la boca de metro.

Ya está.

Recuerdo construido y registrado.

Ya no se nos olvida, tío.

FUNDIDO A NEGRO