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23 Julio 2006
192. Wind Jet es caca de vaca. INT./NOCHE

Hace ya más de mes y medio, al aterrizar en Madrid procedente de Palermo, descubrí con estupor que, cuando la descargaron del avión, mi silla de ruedas no funcionaba...
Para los que no sepáis cómo va esto, os cuento que siempre que viajo en transporte aéreo, en la puerta de embarque me esperan unos tipos que se encargan de sentarme en una silla especialmente estrecha, diseñada para moverse a lo largo del angosto pasillo del avión. Mientras estos tipos me trasladan al asiento que me hayan asignado en facturación, otros operarios se llevan mi propia silla y la "acomodan" en la bodega, como una maleta más.
Es habitual que en las bodegas de los aviones las sillas sean tratadas como el culo, como pura mierda, como una cosa amorfa que estorba y que puede ir colocada de mala manera en cualquier rincón. Así, al llegar a mi destino, suelo encontrarme con sorpresitas desagradables, como que han desmontado la silla porque sí o que hay algún cable fuera de lugar, pero lo que ocurrió en el vuelo entre Palermo y Madrid superó mis más temibles augurios.
La silla llegó a Barajas totalmente K.O.: con el cajón de la batería rajado, las ruedas medio deshinchadas y, lo peor, los cables de los motores arrancados. Todo gracias a los desalmados, necios y anormales operarios de la compañía italiana Wind Jet, que se cebaron a gusto.
Hice una reclamación en el mismo aeropuerto de Barajas, pero allí, como es habitual, se lavaron las manos. Me dijeron que Wind Jet no tiene sede en España y que, al ser domingo, llamarían a Italia al día siguiente para comunicar la situación. Mientras, envié inmediatamente mi silla al servicio técnico, pero, ante el estropicio ocasionado, se vieron obligados a mandarla a su fábrica oficial, en Gerona. Una semana después, la silla regresó arreglada a Madrid y me la entregaron tras abonar una factura de 188,40 euros.
En Barajas esquivaron el bulto y me aseguraron que la compañía se haría cargo de la factura, pero hasta ahora la respuesta que he obtenido por parte de Wind Jet es absolutamente inexistente. Wind Jet ha ignorado la reclamación y las decenas de e-mails y faxes que les he enviado desde el día del incidente. Incluso le pedí a Irene que me tradujera al italiano el texto de la reclamación, y esta traducción también la mandé por fax y por e-mail tropecientas veces. Ni en español ni en inglés ni en italiano. Ni puto caso me han hecho esos cabrones.
En fin, que la finalidad de estas líneas no es daros la lata con esto, que ni os va ni os viene (bueno, el resto de lo que escribo casi que tampoco), pero quiero introducir en esta web el siguiente párrafo para intentar al menos que aparezca en Google siempre que a alguien se le ocurra buscar información sobre Wind Jet. Allá voy:
Wind Jet es una mierda. No vuele usted con Wind Jet. En Wind Jet son todos unos cabrones. Wind Jet es caca de vaca o, en italiano, cacca di mucca. La mujer del presidente de Wind Jet le pone los cuernos con uno de los azafatos de la compañía. Los motores de los aviones de Wind Jet hacen ruidos raros. Los de Wind Jet son unos cerdos pestilentes. Los asientos de los aviones de Wind Jet huelen a pota reseca. Las azafatas de Wind Jet escupen en los vasos de agua que ofrecen a los viajeros. Ah, y el presidente de Wind Jet la tiene pequeña.
Bueno, ya se me ocurrirán más improperios con los que vengarme... Por otro lado, mañana, y por una simple cuestión de dignidad, pondré una denuncia contra Wind Jet en la comisaría más cercana, aunque mucho me temo que, por desgracia, debo empezar a olvidarme de mis 188,40 euros.
De todos modos, creo que me va a gustar esto de poner denuncias a tutiplén y soñar con el día en que, cual Sonia Arenas de la vida, los micrófonos de "Aquí hay tomate" me acosen a la salida de los juzgados de Plaza de Castilla... "No tengo nada que declarar, ahora mismo el asunto está en manos de mis abogados", diré. Ay.
FUNDIDO A NEGRO
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