18 Julio 2006

190. Intrínseco. EXT./NOCHE



Anoche, por aquello de pasar página después de nuestro último e irracional distanciamiento, volví a quedar con Pablo. Deshidratados a causa del atosigante calor, deambulamos por lugares ya demasiado comunes, cenamos en una impersonal terraza de Vallecas que últimamente se ha revelado como enclave ideal para confesiones anacrónicas y finalmente nos dedicamos a maldecir el mundo junto al decrépito ventilador que airea a duras penas mi sala de estar.

El resumen que me hizo Pablo de su intensísimo mes de junio, durante el cual no hablamos, me provocó escalofríos familiares y me recordó a tiempos que creía caducados. Al llegar a Madrid hace casi seis años, Pablo y yo, cuales personajes memos e ilusos de una forzada teleserie casposa a lo "Dawson crece" en versión paleta, nos transformamos en ínmediatos expertos en mortificaciones sentimentales, pasos en falso, despedidas lapidarias, callejones sin salida y triples o cuádruples tropiezos en la misma piedra. Y aprendimos a hablar con constantes y cansinas metáforas... Y a casi regodearnos en nuestro propio sufrimiento. Nos convertimos en adictos al drama.

En este comienzo de verano, y después de unos años de aparente estabilidad, el drama planea de nuevo a nuestro alrededor y el suelo que pisa Pablo ha vuelto a resquebrajarse a fuerza de mudanzas irreversibles, decisiones peliagudas, sentimientos desbocados y hojas de libros arrancadas de cuajo. Anoche me lo contó todo...

Y cuando miro la foto de arriba, pienso inevitablemente en la gente que siempre regresa y me encuentra aunque me aleje o me pierda, en la gente ante cuyas vidas me resulta imposible permanecer indiferente por más que lo intente tres mil doscientas cuatro veces, en la gente que ha influido en lo que ahora soy o dejo de ser.

Pienso en la gente que forma parte intrínseca de mí mismo.

FUNDIDO A NEGRO