13 Julio 2006

188. Tortitas para olvidar. INT./NOCHE



La semana pasada, antes de pirarme a Cádiz, cené una noche con Christian. Hacía casi un año que no nos veíamos... Y, mientras cenábamos (por supuesto, ligeras ensaladas, como no podía ser de otra forma en muchachos metrosexuales que cultivan su cuerpo como nosotros, ay), le hice a traición la foto desenfocada de arriba.

Esta vez Christian viajó efímeramente a Madrid para acudir a un curso de voz impartido, entre otros, por aquella carismática profesora inglesa de las dos primeras ediciones de "Operación Triunfo", Helen Rowson. Qué tiempos los de la primera edición de "OT"...

A lo que voy, que, en medio de mi hastío estival, me alegré un montón de reencontrarme con Christian, tan enérgico, espontáneo y entusiasta como siempre. Y cargado de novedades, laborales y también sentimentales. En lo profesional, que es lo que nos concierne en esta web tan poco sensacionalista que están ustedes leyendo, actuó el sábado en Noia (A Coruña) y le aguardan otros cinco conciertos este verano en Galicia. Después, a partir de octubre, protagonizará un prometedor musical que se estrenará en Vigo y más tarde rulará por la geografía española. Pinta bien la cosa.

Lo que me resulta increíble es que haya pasado ya un año desde aquellos días en los que Christian se alojó en mi casa; un año desde que me presentó a Bea y ella lloró viendo "Vuelco"; un año desde que fuimos juntos a ver la obra que Ale representaba en el Teatro Muñoz Seca; un año desde nuestros apasionados debates noctámbulos sobre la posibilidad/viabilidad de querer a dos personas a la vez. A escasas conclusiones llegamos...



Del verano pasado a éste, mucho he ido y mucho he venido. Y, en el camino, se han sucedido tropecientos palos de ciego. Me costó resumirle a Christian tanto tumbo y tanto sentimiento enrabietado. "Pero ahora estás bien, ¿no?", me preguntó él. "Sí, bueno, supongo, más o menos, he decidido no hacer planes más allá de la próxima semana ni pensar más de lo justo en mi futuro afectivo", respondí. "Yo hago lo mismo, es lo mejor, ¿pedimos tortitas con nata?", añadió después Christian. "Vale", accedí impulsivamente. Y las pedimos.

FUNDIDO A NEGRO