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18 Junio 2006
179. Gafapastas. EXT./NOCHE

El otro día, Cucún descubrió en uno de mis estantes el libro que aparece en la foto: "Cómo dirigir cine", de Terence St. John Marner. Y entonces...
CUCÚN
Si te lees este libro, ¿se supone que ya sabes todo lo que hay que saber para ser director?
YO
Eso es lo que dice el título, ¿no?
CUCÚN
Y cuando lo termine de leer, ¿ya podré decir que hago cine, pedir subvenciones y vivir del cuento como tú?
YO
Prueba.
CUCÚN
Ah, pues préstamelo.
YO
Todo tuyo.
Peligro: Cucún amenaza con abandonar sus estudios de Odontología para convertirse en un directorcillo gafapasta más. Para ello, de vez en cuando me roba incluso mis gafas, en un intento de parecer uno de esos patéticos miopes de ojos hundidos que escribimos guiones pretenciosamente profundos y desgarradores, plagados de metáforas que nadie pilla...

Coger una cámara y grabar una paja mental absurda es casi gratis hoy en día. Tampoco cuesta especial esfuerzo ponerse unas gafas de pasta y/o estrambóticas, confesarse devoto de Thomas Vinterberg, Wong Kar Wai o Michael Haneke y engullir sólo y exclusivamente pelis pedantes y en versión original en los cines de Plaza de España. Da igual que tu vista se encuentre en perfecto estado y no necesites gafas o que en realidad adores la filmografía completa de Álvaro Sáenz de Heredia, porque, sin duda, lo que importa es la pose. Hay que creérselo. Sí, soy moderno, soy director de cine. Soy artista y, por tanto, tengo derecho a vivir de manera atormentada. Porque yo lo valgo.
Evidentemente, Cucún bromea (o eso espero) cuando amenaza con engrosar la saturada lista de directorcillos con ínfulas, pero lo cierto es que, sin tener ni idea de cine (aún recuerdo aquel mítico día en que me preguntó: "oye, en una película, ¿qué coño es la fotografía exactamente?"), podría hacerlo mejor que muchos que sí se dedican a marear la perdiz en torno al arte número siete. Que viva la democracia cinematográfica que se ha impuesto con la avalancha digital. Dé usted una patada y le salpicarán mil y pico cortos: los mil y pico que, por ejemplo, se presentaron en la última edición de Notodofilmfest. Cualquiera puede hacer cine, así que coja una cámara ya mismo y siéntase cineasta usted también. Y grabe o ruede mojones sin cargo de conciencia; sea artífice de zurullos de cortos o, con un poco más de suerte, de zurullos de largos. Qué más da. Ni siquiera necesita algo que contar...
Y por más que me repela el rollito nauseabundo, prepotente, porrero y cool que tanto se estila en las escuelas de cine y en este mundillo en general, que conste que no tiro la primera piedra porque en absoluto estoy libre de pecado. Por si lo ha parecido, quede claro que no me considero con más derecho que nadie a la hora de sembrar semillas en esto del cine. Soy uno más entre miles, uno de los muchos ilusos que probablemente dirigimos zurullos pero aún así creemos que un día de éstos terminará de sonar la flauta y ganaremos Oscars y nuestro móvil vibrará porque nos llama Spielberg en persona... Pero, mientras, en el aire sólo se respira incertidumbre. Bueno, miento, existe una certeza bien rotunda a la que los ilusos podemos acogernos: allá cada cual con su mierda.
FUNDIDO A NEGRO
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