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09 Junio 2006
175. Caliente como una perra. INT./DÍA

Amaru, la perra casi yorkshire de mis padres, está en celo. Ésta es la estremecedora noticia con la que me encontré nada más aterrizar en Lanzarote hace un par de días...
Resulta que Amaru ha padecido recientemente su última y sanguinolenta menstruación. Y ahora atraviesa el habitual periodo de tormentoso celo. Vamos, que quiere macho, que está caliente como una perra, nunca mejor dicho. "Cuando está en celo, su pipi siempre está húmedo", me ha explicado mi madre sin tener en cuenta las graves lesiones morales que me causaba con sus palabras. Pero, a pesar de su calentura, Amaru aún tiene tiempo para continuar odiándome con fruición. Esta mañana caí en una de sus trampas más rastreras: una meada en pleno pasillo, coincidiendo con mi trayectoria exacta entre mi dormitorio y el cuarto de baño... Y se salió con la suya, pisé su pis con mis ruedas.
Entre tanto, he descubierto una supuesta manera de que Amaru me deje en paz y no aparezca por mi habitación. Lo que ocurre es que a mis padres les funciona pero a mí no... A saber: Amaru detesta que la bañen, así que, cuando se pone plasta, mis padres pronuncian con autoridad las palabras mágicas: "ven aquí, que te voy a bañar", y la perra corre a esconderse bajo el sofá, donde permanece un buen rato hasta que comprueba que ha sido una falsa alarma. Yo, por mi parte, lo intenté ayer; dije: "ven aquí, que te voy a bañar", y quise sonar autoritario y amenazante, pero Amaru me miró con cara de "¿tú me vas a bañar a mí, gilipollas?" y directamente me ignoró. En fin... La cuestión es que lo de hace un rato no ha sido una falsa alarma y mi madre ha terminado bañando a Amaru para que dejara de oler a perro, tal y como demuestra la espeluznante foto de arriba.
Mientras, en Lanzarote, como siempre, el tiempo transcurre lentamente. Entretenido con quehaceres que anunciaré pronto, mis ratos de ocio los he dedicado a soportar los espantosos vídeos de reggaeton que aquí emiten en los intermedios de Telecinco o a engullir con desidia el remake tontainas de "La profecía". El miércoles, además, fue el cumpleaños de Sumaya. Cumplió los veintiocho y le envié un mensajillo en el que, entre otras cosas, escribí de coña: "Eres vieja, préñate ya". "Sí, nos hacemos mayores", me respondió Sumaya en un breve pero contundente mensaje de vuelta.
Pues aquí sigo, haciéndome mayor, perturbado por el pipi húmedo y encelado de Amaru...
FUNDIDO A NEGRO
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