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01 Junio 2006
171. Putos ponys. INT./NOCHE

Hace ya un tiempo, Cucún, Sonia, Samuel y yo acudimos a una de esas sesiones de cortometrajes que Great Ways organiza en el Cine Capitol, en Gran Vía. Entre los trabajos que proyectaron aquella noche, el que más nos gustó a los cuatro fue "Ponys", de David Planell, un cortito extremadamente sencillo en su concepción (tres personajes femeninos alrededor de una mesa) pero muy resultón en su desarrollo, gracias, sobre todo, a la excelente interpretación de sus actrices protagonistas: Natalia Mateo, Marta Aledo y Esther Ortega.
Según el guión de Planell, todos los niños, durante buena parte de su infancia, desean con fervor tener un pony. Evidentemente, muy pocos padres regalan un pony a sus hijos, por lo que este deseo incumplido se convierte en una de las primeras y traumáticas frustraciones a las que nos enfrentamos en la vida. Así, en "Ponys", estos caballitos enanos se utilizan, con mucho humor negro, como la gran metáfora de los traumas, complejos e inseguridades que proceden de nuestras más terribles experiencias infantiles y forman parte de lo que ahora somos. Un "pony" es, por tanto, algo que te ocurre cuando eres pequeño y te deja marcado para siempre: ese cumpleaños al que invitaste a tus supuestos amigos del colegio pero no asistió nadie, el día en que tus compañeros se mofaron cuando leíste tu poesía en clase, aquel disfraz sonrojante que luciste un año en Carnaval o las gafas de culo de botella que provocaban que todos te llamaran "cuatro ojos"...
Esta tarde, en un cajón, encontré las gafas feísimas de la foto, que son las que usé durante mi pubertad y las mismas que rescaté para caracterizar a Dave como pardillo integral en "Estrela". Y, como si fuera un personaje de "Lost", al abrir el cajón me han sobrevenido decenas de flash-backs de mis "ponys" infantiles, de mis mil miedos y complejos y de las innumerables situaciones dolorosas que experimentamos a una edad en la que ni siquiera somos conscientes de en qué consiste el dolor.
Si bien mis gafas actuales tampoco es que difieran mucho de estas gafas de pubertad, cuyo cristal izquierdo, con graduación especial para catarata, agigantaba mi ojo, las de la foto de arriba constituyen un "pony" de los gordos, asociado a una época y a unos recuerdos demasiado molestos.
Creo que hoy es un buen día para que las gafas se me caigan casualmente al suelo y las acribille con mis ruedas sin querer. Que el atropello del "pony" parezca un accidente... Por cierto, hace un rato, le he contado a Cucún por teléfono que a los trece años pedí a los Reyes Magos un disco de OBK, pero de este trauma mejor me encargo en otro momento...
FUNDIDO A NEGRO
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