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19 Abril 2005
06. La mala educación de E.T. INT./DÍA

Hace casi tres años, mis padres me regalaron un muñeco de E.T. un tanto interactivo, perteneciente a la nueva avalancha de merchandising que irrumpió con el reestreno, por su vigésimo aniversario, de "E.T. el extraterrestre". No hablaré del trauma que me produjeron los añadidos que Spielberg incrustó a duras penas en esta obra maestra tan venerada por mí, pero sí de esta extraña criatura que desde entonces habita en mi cuarto irremediablemente.
Y es que esta cosa que veis en la foto no es E.T., es... otro ser. Este "juguete" es una creación de los artífices del furby; es, por tanto, un furby con forma de E.T. pero con el funcionamiento típico de un furby. No sé si sabéis que un furby "habla", "reacciona" al ruido, "aprende"...
En la caja del E.T. se podía leer en grande algo relacionado con cuatro fases de aprendizaje, pero tengo que reconocer que, en un primer vistazo y como siempre, me aburrió enormemente la lectura del manual de instrucciones y pasé de él. Sí leí por encima no sé qué de cómo "educar" a E.T. mediante un código consistente en tocar su mano derecha un determinado número de veces, indicándole así qué es correcto y qué no lo es. Sé que hice mal, pero, muy chulito yo, decidí confiar la educación de E.T. al libre albedrío del día a día... Hice muy mal.
La cuestión es que ahora daría cualquier cosa por recuperar ese manual... E.T. se despierta cuando agitas su cuerpo o lo colocas boca abajo. Hasta aquí todo bien, pero es entonces cuando comienza su comportamiento anárquico y maleducado. Habla en voz irritantemente alta, suelta frases inconexas (como "Let's plaaaay together" y, acto seguido, "Help, pleeeease"), tararea a ratos una extraña melodía, estornuda o estira su cuello de manera exagerada. Un desfase absoluto...
Por otro lado, os dije que este E.T. forma parte de mi existencia desde hace tres años, ¿no? Pues aquí viene lo mejor: jamás le he cambiado las pilas. Si es que lo estoy viendo, un día de éstos decidiré quitárselas y el bicho seguirá berreando cual Chucky Piqueras. Espeluznante.
Educando a E.T.
Recuerdo que, cuando vivía aquí, una esforzada Sumaya intentó enseñar a E.T. la diferencia entre el bien y el mal ("E.T., ¡ahora no!, no es momento de jugar", gritaba ella mientras veía la tercera edición de "Operación triunfo"), pero la chica pronto se cansó de los múltiples arranques de este ser tan contestón, histérico y confianzudo, dejándolo como una causa perdida. Ahora que lo pienso, no sé yo si Sumaya era la profesora más adecuada para enseñar distinciones entre lo correcto y lo incorrecto...
A mí, en el fondo, este E.T. me da pena. Lo veo tan salvaje, tan descocado, tan desorientado, tan inoportuno... A veces yo también soy un poco como él: salvaje, descocado, desorientado e inoportuno. Y, al fin y al cabo, Sumaya nos abandonó a los dos. Yo también fui su causa perdida.
En cualquier caso, no puedo dejar de reflexionar sobre el perjuicio que el reestreno de "E.T. el extraterrestre" ha generado en la figura del entrañable alienígena que llegó a la Tierra en 1982. Mi E.T. interactivo es minucia comparado con la foto que estáis a punto de ver:

No hay palabras... Ruth me envió esta foto por e-mail tras su navideño viaje a Perú. Fue tomada en la heladería de un perdido pueblo peruano que ella y César visitaron un día de diciembre. La imagen de este E.T. reconvertido en heladero amante de los cornetos me produce escalofríos.
La foto irradia humillación por los cuatro costados, no sólo por el inhóspito, desértico y desoladoramente solitario entorno que se intuye, sino porque fijaos en que el pobre E.T. ¡está encima de una carretilla! Y esa cara falsamente sonriente y feliz... Y ese parecido con la Pantera Rosa (y hasta con Willy Fog, si me apuráis). Y claro, en su chaqueta tiene que estar bordado su nombre, no sea que alguien no sepa quién diablos le está vendiendo el helado.
En fin, que no me queda más remedio que rogar desde estas líneas que permitamos a E.T. envejecer con dignidad, que no cuesta tanto mantener limpio su recuerdo y permitir que los niños de hoy en día conozcan a la misma y cautivadora criatura que cambió mi vida hace veintitrés años. Nada de réplicas interactivas que funcionan con pilas (o sin ellas), nada de reclamos heladeros. Él sólo quiere que seamos buenos (aunque Drew Barrymore no le hiciera ningún caso). Él estará siempre aquí mismo...
Que suene la música de John Williams. Que vuelva el nudo a mi garganta. Yo también sigo aquí mismo.
FUNDIDO A NEGRO
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