14 Mayo 2006

164. Mirones todos. INT./NOCHE



Lo normal es que a los amigos que te visitan en casa se les ofrezca alguna bebida o algo para picar. Yo, directamente, les pongo el vídeo porno casero de Colin Farrell. No digáis que no soy buen anfitrión...

Desde que me lo bajé hace unas cuantas semanas, el vídeo se ha convertido en el plato estrella para mis visitas. Nadie se queda indiferente ante la destreza de Colin a la hora de fornicar con su por entonces novia, la playmate Nicole Narain. Todos y todas miran con ojos curiosos y alucinados, comentan la jugada, ¡y piden más si se me ocurre pulsar el botón de pausa!

El vídeo se ve mal, oscuro, con mucho grano, y ni Colin ni la explosiva Nicole son precisamente diestros con la cámara, pero la cosa impresiona por su autenticidad, por la intimidad que desprende, por el hecho de que un documento tan privadísimo haya terminado en la red y en el disco duro de millones de personas de todo el mundo, porque estás contemplando a un actor tan popular como Farrell protagonizando un corto cutrísimo, sin guión, focos ni dirección de fotografía que valga.

En el vídeo se ve casi de todo: felación, cunnilingus, postura del misionero... Un excitadísimo Colin dice a su chica algunas libidinosas frases que no entiendo, pero qué más da, sobran las palabras. "Oh, baby", repite él varias veces mientras lleva a cabo el cunnilingus. "Oh, my god", responde ella de vez en cuando, entre gemidos de placer.



Parece ser que fue la propia Nicole Narain la que puso en circulación el vídeo después de romper con Colin, y los abogados del actor, por más que lo han intentado, no han podido hacer nada para evitarlo. Porque Internet es la leche y su escofriante poder de difusión está por encima de censuras, abogados y demandas millonarias. Un programa como eMule, y tantos otros similares, consigue que cualquier archivo se propague de manera inmediata, imparable e irreversible.

Por lo que he leído, a Colin, que es un pasota y un cachondo mental, no le importa en exceso que su vídeo porno viaje por la red, pero, si lo pienso, asusta mucho la impunidad con la que actúa esa cosa intangible que es Internet. Y dentro de Internet, los millones de usuarios, amparados en esa misma impunidad, en el anonimato y en la seguridad de nuestras casas, nos convertimos en simples y voraces mirones.

Internet es el paraíso ideal para mirar sin ser vistos. Y no nos engañemos, todos somos unos mirones de mucho cuidado; todos, en determinados momentos, nos transformamos en cotillas ávidos y redomados. Un ejemplo: mirones sois vosotros, que habéis entrado en esta web y estáis leyendo estas líneas. Mirones también sois los que me mandáis e-mails en plan "te conozco pero no te diré quién soy" (qué pereza me dais). Mirones también sois aquellos y aquellas con los que, queriendo o sin querer, no hablo desde hace tiempo y que, sin embargo, sé que acudís puntualmente a esta página para obtener supuesta información sobre mis miserias y milagros o para qué sé yo.

Bienvenidos, mirones varios. En cualquier caso, gracias por mirar. Que continúe el espectáculo.

FUNDIDO A NEGRO