|
|
12 Mayo 2006
163. Sin rumbo. EXT./DÍA

La del miércoles fue, por primera vez en muchos días, una tarde perfecta para exorcizar fantasmas atemorizantes, para perder el tiempo sin cargo de conciencia, para vagabundear por las calles del centro de Madrid con rumbo hacia ninguna parte.
Cucún y yo nos perdimos callejeando por Lavapiés, hicimos escala en una terraza de mala muerte y escuchamos a una negra llamando "cerdo" a otro negro y a una maruja maltratando a su hija. Luego, junto a nosotros, pasaron dos coches de policía y también una ambulancia con la sirena sonado a todo trapo, pero ni nos inmutamos. No permití que nada perturbara mi tarde de paz en medio del caos.
Poco después, avanzando en el camino sin destino prefijado, nos topamos con La Casa Encendida y, desde su azotea, en la que se contempla una majestuosa vista del sur de Madrid, intenté buscar mi piso vallecano bajo su correspondiente trozo del cielo. Ay. Atrapado en mi arrebato de cursilería, me acordé de uno de mis cortos más ñoños, "Contar las nubes", en el que Emma pregunta a Bernabé: "¿Alguna vez has contado las nubes?", para luego, cuando comprueba que él se queda a cuadros ante la preguntita de marras, añadir: "Hay días en los que las nubes forman cúmulos y es posible contarlas". Bernabé responde algo así como: "Pero eso es imposible, tu mirada se perderá en tanto espacio y contarás nubes que ya has contado antes". Entonces, Emma, tajante, zanja el asunto: "Sólo hay que delimitar, elegir tu trozo del cielo y quedarte en él". Eso digo yo.
Tras La Casa Encendida, le tocó el turno al nuevo Museo Reina Sofía, a la ampliación que han edificado. Allí deambulamos en un patio inmenso alrededor de una escultura de Lichtenstein (véase abajo nuestro deformado reflejo en ella) y husmeamos un rato en la sustanciosa librería de arte que hay junto a la biblioteca.

No había estado antes ni en La Casa Encendida (ya me vale) ni en la ampliación del Museo, así que resulta curioso esto de vagar sin rumbo y, sin embargo, terminar dándote de bruces con lugares que desde hace tiempo deseabas visitar, como si estos lugares condujeran tus pasos (o tus ruedas) irremediablemente hacia ellos.
Que vivan las tardes erráticas y los trozos de cielo delimitados. Un hurra por esos sitios, y esas personas, que funcionan en tu vida como inevitables polos magnéticos, atrayéndote hacia ellos, y hacia el camino adecuado, cuando te encuentras de lo más perdido...
FUNDIDO A NEGRO
|
|