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21 Abril 2005
07. Por los viejos tiempos. INT./NOCHE

La foto del día es esta vez una captura del cortometraje "Dos ventanas", en el que Toño muestra su lado más demoledoramente siniestro.
Impresiona la transformación si conoces de cerca a Toño, aunque desde hace tiempo él se rebela contra esa imagen "angelical" que la gente parece tener de su forma de ser. Últimamente hemos hablado a menudo, de muchas cosas, quizá de demasiadas cosas. A veces, mientras vuelvo a casa tras alguno de nuestros encuentros en el Burger o algún bareto decadente de Vallecas, me arrepiento de hablar tanto, pero confío en él. Es de esas personas que propician la confesión, y eso tiene mérito en situaciones en las que uno está engulliendo un whopper o ingiriendo un horrible café recalentado.
Toño, con el grupo de teatro Watabata, ha estrenado hoy un montaje de "Morir (o no)", de Sergi Belbel, en el Colegio Mayor Miguel Antonio Caro, donde la obra se representará de nuevo el sábado 23 de abril a las nueve de la noche y el domingo 24 a las ocho. Creo que iré a la función del domingo.
Llamé a Toño el martes y me transmitió su estado de nerviosismo. Me contó que la obra no está lo suficientemente ensayada, que teme por la coordinación de los cambios de decorado que los propios actores deben llevar a cabo entre escena y escena... No sé, espero que haya salido bien este primer contacto con el público.
Cualquier tiempo pasado fue ¿mejor?
El martes, por otro lado, noté a Toño un poco decepcionado con el mundo... o con nuestro pequeño mundo, cada día más viciado y disperso. Él se trasladó a vivir a Madrid el pasado mes de septiembre. Anteriormente eran habituales sus viajes puntuales desde Salamanca para grabar "En otra vida", para estar presente en cumpleaños, en estrenos de cortos y en otras fiestas de guardar. Supongo que Toño conoció la época gloriosa de nuestro grupo de amigos, en los primeros años en la capital, cuando nuestro vínculo parecía irradiar una inquebrantable unión, complicidad eterna y la certeza de que nos comeríamos a cachos la ciudad.
Ahora sólo quedan cenizas de aquello: una pandilla dividida y casi resquebrajada a bocajarro de un día para otro, sin que nadie haya movido un dedo para evitarlo. El concepto de amistad se ha desvirtuado; ha evolucionado, no sé si para bien o para mal. Novios, novias y nuevos amigos han irrumpido en escena reclamando su espacio. Las llamadas de algunas personas han desaparecido. Las de otros y otras se han desperdigado en el tiempo. Todos somos culpables. Todos tenemos unos céntimos para mandar un mísero mensaje de móvil. No sé si Madrid une o aleja. Pero, ya puestos, vale, echémosle la culpa a Madrid.
Toño afirma que necesita a la gente, que no comprende que determinados amigos o amigas no le devuelvan una llamada desde Navidad. Yo no pienso mucho en ello, ni soy demasiado consciente. Mantengo un contacto casi diario con Carlos, con Píter, con Rous... Me alegro de contar con Toño. De María sé más bien poco. Creo que no la veo desde mi fugaz visita a su cumpleaños, allá por noviembre. Hablamos a ratos por el Messenger. Está liada con su trabajo y, por lo que cuenta, feliz con Sergio, su chico. De Sobejano también hace un montón que no sé nada. Y luego están los y las que se han quedado en el camino... Antes tenían nombre.
Flamantes sustitutos
Dice Raúl en "Lluvia" que todo está destinado a cambiar, que a veces te parece que alguien permanecerá siempre a tu lado y de pronto desaparece. Y llegan los sustitutos y las sustitutas. Y surgen vínculos nuevos. Y el mundo se vuelve chispeante, novedoso, repleto de mil posibilidades. Y te reinventas, y vuelves a desear que algunos y algunas se queden para siempre. Pero quién sabe...
Hoy me asfixia un poco el aire que se respira en Madrid. Tengo ganas de viajar a Tenerife el martes y de ver a Aarón, a Jonay, al equipo tinerfeño de "Vuelco"...
La semana pasada me sacaron sangre y, según los resultados, mis niveles de ácido úrico y colesterol están un poco altos. "No comas marisco ni bebas alcohol", me ha ordenado mi médico de cabecera. Si al final voy a tener pinta de borracho y yo aquí sin saberlo.
Pues nada, brindemos con Coca-Cola Light por los viejos tiempos. También por los nuevos. Y, de paso, aniquilemos unos cuantos recuerdos.
FUNDIDO A NEGRO
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