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01 Mayo 2006
158. Adictos al riesgo. INT./NOCHE

Por paradójico que suene, mi amistad con Froid carecería de solidez si no nos peleáramos cada dos por tres. Y es que la espina dorsal de nuestra relación la componen los acercamientos después de los distanciamientos, las llamadas tras los mosqueos, los reencuentros para ir al cine a ver alguna peli cutre como si nada hubiera pasado, las sonrisas con las que parecemos decirnos el uno al otro: "creo que eres gilipollas pero me alegro de que estés aquí"...
Los conflictos, normalmente ridículos, a veces incluso provocados conscientemente, constituyen el motor de nuestra amistad. Es como si Froid y yo necesitáramos dejar de hablarnos cada cierto tiempo para luego volver a vernos y contarnos con entusiamo absurdo las últimas chorradas que han acontencido en nuestras vidas, chorradas que, de haber sido contadas en su momento y de foma aislada, habrían resultado insulsas y aburridas pero que, enlazadas entre sí y compactadas en un mismo relato chorra, se tornan especialmente apasionantes.
La última vez que Froid y yo volvimos a hablarnos fuimos juntos a ver "Instinto básico 2: Adicción al riesgo", un zurullo de película que, sin duda, fortaleció nuestro vínculo de cinéfilos de mente abierta. Froid y yo sí que somos adictos al riesgo a la hora de elegir pelis con las que perder el tiempo y, por lo que habíamos leído, ya sospechábamos que esta innecesaria secuela del clásico de Paul Verhoeven sería una mierdecilla considerable, pero tampoco estábamos mentalmente preparados para afrontar el soporífero, pestilente y paródico megatruño que en realidad es "Instinto básico 2".
En 1992, con catorce años, conseguí colarme en el cine, a espaldas de mis padres, para ver "Instinto básico". Aquella experiencia cinematográfica marcó mi pubertad y abrió la veda a una nueva dimensión de sueños húmedos. A partir de entonces, durante el resto mi adolescencia, adoré a Sharon Stone, defendí a capa y espada su talento como actriz, esperé con expectación el estreno de cada uno de los bodrios que rodó en los noventa y me alegré enormemente cuando Scorsese se fijó en ella y la condujo hacia la nominación al Oscar por "Casino".
"Si lo piensas, Sharon no ha estado bien ni en 'Casino", me dijo Froid a la salida del cine, probablemente contagiado por la desidiosa sensación de celuloide penoso y asquerosamente comercial que irradia esta secuela, en la que la Stone, eso sí, parece disfrutar y burlarse del mundo con su careto de "esta peli es una mierda, pero yo he cobrado quince millones de dólares y me la suda lo que penséis".
Las aventuras de Amy
Últimamente, en mis reencuentros con Froid siempre le pregunto por Amy, la protagonista de ese prometedor guión de peli porno que está escribiendo (ver secuencia 81). Amy es un personaje concebido para que lo interprete Vivian Silverstone (en la foto de arriba), una de las actrices porno favoritas de Froid.
Froid me ha permitido leer algunos fragmentos exclusivos del guión, titulado "El disputado himen de Amy", y así, poco a poco, he ido descrubriendo las claves de la dramática historia universitaria que vive Amy, una joven humilde y de buenos sentimientos que se ve obligada a elegir entre comportarse como una estudiante modelo o como el zorrón que de veras ansía ser.
La historia arranca cuando Amy abandona su pueblo natal para estudiar en la universidad. A su llegada al campus, enseguida hace buenas migas con su compañera de habitación en el colegio mayor, Jessy, cuya fama de pendón es conocida por todos. Pronto, Jessy descubrirá que Amy es virgen y, desde entonces, no cejará en su empeño de conseguir que su nueva amiguita sea desflorada. Progresivamente, la noticia de la virginidad de Amy se extiende como la pólvora en el campus y se multiplican los pretendientes que aspiran a tirarse a a la muchacha, profesores calvos incluidos. Pero Amy, que es un personaje muy cansino, no para de debatirse entre las buenas notas que debe sacar si quiere que le renueven la beca y la lista de falos que tiene a su disposición. Y, mientras tanto, Jessy y sus otras amigas aprovechan para catar a los pretendientes de Amy en un desenfrenado montaje de escenas sexuales de toda índole. "A mí no me engañas, Amy, tú eres tan zorrita y cerda como yo", le dice Jessy a Amy en un momento de la acción.
Por otro lado, como no podía ser de otra forma, también hay una clara tensión lésbica entre Amy y Jessy. Por lo que me ha contado Froid, abundan las secuencias en las que ambas jóvenes comparten intimidades en su habitación del colegio mayor: se depilan la una a la otra, se hidratan la piel con cremas... En lo poco que me ha dejado leer Froid, una línea de diálogo llamó mi atención por encima de todas las demás. Hay una secuencia en la que Amy y Jessy hablan sobre un futuro examen. Amy, como siempre, está agobiada porque cree que no ha estudiado lo suficiente, pero Jessy, por su parte, sólo piensa en fornicar esa misma noche. Mientras Amy opta por repasar sus apuntes una vez más, Jessy toma una mítica y ejemplar decisión: "Creo que yo repasaré mis apuntes mientras me depilo el chochito". Sin palabras.
Olvidaos de "Tócala otra vez, Sam" o de "A Dios pongo por testigo de que jamás volveré a pasar hambre"... Sin duda, "Creo que yo repasaré mis apuntos mientras me depilo el chochito" es la frase más absolutamente magistral que un guionista jamás ha escrito. Y es obra de mi amigo Froid. Me siento orgulloso de él.
En cuanto a Froid y a mí, presiento que se acerca un nuevo distanciamiento... Supongo que sobreviviremos al abismo una vez más, porque, a estas alturas, él y yo contamos con un máster en cataclismos cotidianos, casas que comienzan a construirse por el tejado y amistades imprevisibles y caóticas en general.
FUNDIDO A NEGRO
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