24 Abril 2006

154. Acerca de Rivas. EXT./DÍA



Este fin de semana se celebró el V Festival de Cine CreatRivas, en el municipio de Rivas, en las afueras de Madrid, y "Vuelco" era uno de sus quince cortos seleccionados para competir.

A pesar de que me desperté con dolor de garganta y casi fiebre, a Rivas me fui el sábado, y en Rivas estuve con Nacho y también con la parejita de felices futuros papás que forman Ruth y César, que viven allí. CreatRivas es un festival pequeño pero organizado con mimo y detalle. Me sentí muy bien tratado por Mabel y por Ana, chicas de la organización, y en el ambiente se respiraba verdadero cariño hacia los cortometrajes seleccionados, algo que se agradece. Arriba, Nacho posa con una de sus friki-caras y con la sudadera que nos regalaron.

Mis actividades rivereñas (¿a los de Rivas se les llama rivereños?) comenzaron con la recepción del sábado por la mañana en el Hotel AC Rivas, donde me presentaron, en medio de una avalancha de bandejas con embutido, a la concejala de cultura, Carmen Barahona, y a un miembro del jurado, Eduardo Rodríguez Merchán, un tipo encantador, crítico de cine y catedrático de la Complutense, que se declaró fan entusiasmado de "Vuelco". Y a mí esto me hizo mucha ilusión.

En esta recepción, hablé sobre todo con Jose Mari Goenaga, artífice de uno de los cortos de moda, "Sintonía", y con su socio Jon, ambos tíos geniales y muy divertidos, y allí me encontré también con Nacho Vigalondo, a quien cononocí hará ya más de dos años en Imacine, en Maspalomas (Gran Canaria), cuando "7:35 de la mañana" aún iba por su noveno o décimo premio (acabó ganando más de cincuenta galardones, nominación al Oscar incluida). "Tu vida ha cambiado mucho desde que nos conocimos", le dije. "Sí, no sé si para mejor o para peor", respondió Vigalondo con su habitual tono jocoso. Con Vigalondo charlé un ratillo, sobre todo del ya cercano rodaje de su primer largo, "Los cronocrímenes", que cuenta con coproducción ejecutiva de los hermanos Scott (Ridley & Tony).

Antojos

Al Centro Comercial Parquerivas, donde se proyectaron los cortos, se acercaron Ruth y César el sábado por la tarde. La barriga de ella (véase su primera ecografía en la secuencia 143), ya en su cuarto mes de embarazo, crece y crece, y su antojado apetito es voraz. Lo chungo es que los antojos de Ruth son un tanto internacionales... Resulta que Ruth es peruana y uno de sus antojos más repetidos está directamente relacionado con las hamburguesas de cierta hamburguesería exclusivamente peruana, Bembos. "El otro día tenía tantas ganas de comerme una hamburguesa de Bembos, que entré en la web y me bajé la foto de la hamburguesa sólo para contemplarla", me contó. Ja.



Entre los cortos que proyectaron el sábado, me gustó ver "Avatar", de Luis Quílez, una historia casi brillante, rodada con exquisita austeridad y con toques muy malsanos y enfermizos, y, por fin, "A falta de pan", el corto de Juan Pablo Martín Rosete, un extraño, delirante y divertido homenaje al western de toda la vida. Con Martín Rosete y con su coguionista, Pablo, también charlé un ameno rato en Rivas.

El desenlace

En la gala de clausura, "Vuelco" no se comió ni un colín. Ya en la gala, descubrí que en algunos premios, la presentadora mencionaba a tres nominados. Y escuché mi nombre como nominado al Premio de Mejor Dirección. Competí en esta categoría con Jose Mari Goenaga por "Sintonía" y con Mireia Giró por "Te quiero mal". Y ganó Mireia. Y a mí, que no sabía eso de las nominaciones, ni siquiera me dio tiempo a preparar mi cara de perdedor a lo Holly Hunter cuando no le dieron el Oscar por "Al filo de la noticia" o como Samuel L. Jackson cuando lo perdió por "Pulp Fiction".

Jose Mari ganó el Premio al Mejor Guión y el Premio del Público. Y también me alegré del Premio al Mejor Corto de la Comunidad de Madrid para "Hiyab", porque el corto está bien y porque su director, Xavi Sala, es un tío simpático que además lee esta web (je). Xavi me presentó a Ana Wagener, protagonista de "Hiyab" y una pedazo de actriz en cortos y largos varios.

Y el premio gordo, el de Mejor Cortometraje según el jurado (5.000 euros), fue para... ¡"Nana"! Ay, me gusta "Nana" y me cae bien su director, pero, inevitablemente, los triunfos de este corto (Goya incluido) siempre me dejan el ligero regusto de haber sufrido casi un ataque personal. Es como si, al premiarlo, los jurados nos dijeran a todos los demás: "Pringaos, a ver si aprendéis de 'Nana'. Mirad el botín que está amasando con sólo tres minutos de duración, un único plano, un mar digital muy cantoso y mucho rollito social de actualidad, mientras que vosotros, que habéis dedicado meses o años a la búsqueda de cantidades ingentes de dinero para rodar vuestros complejos guiones de muchas páginas, que os habéis devanado los sesos pensando en cómo planificarlos, que habéis dudado tanto a la hora de montarlos, os coméis los mocos". No hablo de mi caso, porque digamos que "Vuelco" no es precisamente complejo en ningún aspecto, pero sí de otros trabajos mastodónticos que se mueven por ahí y que, ciertamente, se comen los mocos.

La cuestión es que, en el circuito cortometrajístico, José Javier Rodríguez Melcón, director de "Nana", es ahora mismo el más listillo de la clase, y lo malo es que el hecho de que los profes reconozcan tanto el supuesto mérito del listillo provoca que, aunque el chico sea buen muchacho y con indudable talento, se le coja un poco de manía. Adoro la sencillez y el minimalismo cinematográficos, pero la exitosa repercusión de "Nana" puede lanzar un peligroso y acomodadizo mensaje a los futuros productores y directores de cortometrajes, así que esperemos que, en los próximos meses, no nos sobrevenga una avalancha de minicortos sociales, compuestos por un solo plano y un mínimo concepto...

"¿Cómo es posible que la patera y sus tripulantes estén completamente secos con la cantidad de olas que hay a su alrededor?", preguntó Nacho sobre "Nana". Pues es verdad... "Ese corto lo hace cualquiera", he escuchado en otras ocasiones, aunque, ante un comentario así, la respuesta es de cajón: "Vale, pues haberlo hecho tú".

Pero, en fin, bien sabido es que, en esto de los palmarés de los festivales, sólo hay una consigna válida para los perdedores: ¡Viva el derecho al pataleo!

¡Viva!

FUNDIDO A NEGRO