13 Abril 2006

149. Los tiempos no cambian tanto. INT./DÍA



Hoy he ido al cine solo. Hay gente que detesta ir al cine sin compañía, pero a mí me gusta de vez en cuando. Si vas con alguien, lo lógico es que al salir de la sala, se imponga la necesidad de charlar y de comentar lo visto. Y yo, muchas veces, no tengo cuerpo para ello. Ni me apetece lo más mínimo...

Cierto es que me apasiona hablar de cine, pero en aquellos días en los que mis retinas se topan con una película de esas importantes, que me cautivan y desarman y están destinadas a convertirse en parte trascendental e imprescindible de mi vida, suelo odiar a mis acompañantes. Y deseo que se los trague la tierra al mismo tiempo que irrumpen ante mis ojos los títulos de crédito finales. No es nada personal... Lo que ocurre es que, en estas ocasiones, cuando al salir me preguntan chorradas tipo "¿qué tal?, ¿te ha gustado?, ¿tomamos algo?", tengo ganas de responder: "Ay, no lo estropees, pírate, desaparece, no te necesito, no quiero tu cháchara, déjame a solas con mi emoción, deja que asimile lo que siento y que me regocije en el recuerdo de lo que acabo de ver". Pero como soy un muchacho muy educado, pues me muerdo la lengua y contesto amablemente. Y la emoción se esfuma y se trivializa al verbalizarla con palabras estúpidas... De todos modos, a pesar de esta confesión, seguís queriendo venir al cine conmigo, ¿verdad? Je. Prometo no desearos la muerte cuando me preguntéis si me ha gustado la película...

Hoy he ido a ver "Otros tiempos", de André Téchiné, en los Cines Verdi, y no es que haya salido de la sala tan compungido como para agradecer en grado sumo mi soledad, pero sí he recorrido unas cuantas calles embargado por las sensaciones que provoca esta historia de amor resucitado y segundas oportunidades. En la peli, Antoine (Gérard Depardieu) es un tipo cincuentón y amargado que viaja a Tánger para reconquistar a su primer y juvenil amor, Cécile (Catherine Deneuve), una locutora de radio ya casada, muy acomodada y con un hijo veinteañero. "¿Puede el primer amor convertirse en el último?", pregunta Antoine en una secuencia.

Déjalo todo y vuelve conmigo

Si bien Téchiné no es santo habitual de mi devoción, esta peli entretiene, emociona y también emborracha los sentidos con el histérico uso de la cámara al hombro, insólito en una historia de esta índole, y un montaje frenético de secuencias muy cortas y a bocajarro. Además, todo hay que decirlo, experimenté una preocupante empatía hacia el personaje de Depardieu, un tipo tan ingenuo como para creer que las historias de amor nos esperan eternamente, que podemos reaparecer en la vida de nuestras ex-parejas en cualquier momento y gritar a boca llena: "Estoy aquí otra vez, te he echado mucho de menos, déjalo todo y vuelve conmigo". Así lo hace él y, claro, la Deneuve lo flipa bastante.

Antoine asegura a Cécile que, en los treinta años que han estado separados, él no ha hecho otra cosa que añorar su presencia. En medio, ha habido sexo con otras, sí, pero nada que haya podido ocupar el lugar del amor de juventud que vivieron. Ella, que no da crédito, responde que hay personas que prefieren amar a alguien ausente, porque así pueden inventar a la persona amada y soñar una historia de amor que en realidad no existe. Aish. Qué cabrona.

En el folio informativo que dan en los cines de versión original, leí que Téchiné quiso escribir una historia de amor con roles invertidos, algo que, según cómo se mire, resulta tan sexista como el mayor de los tópicos. Así, en la película, con el fin de remarcar esta inversión de roles, Cécile es la mujer dura, escéptica, pragmática, nada romántica y que sabe arreglar coches, mientras que Antoine es el tipo lánguido, enfermo de amor, pusilánime, poseído por sus ilusiones románticas, que piensa incluso en acudir a una bruja que le explique cómo llevar a cabo un hechizo para que ella vuelva a enamorarse de él... "Pensaba que sólo las mujeres son capaces de amar así", dice en una secuencia una amiga de Cécile refiriéndose al "femenino" comportamiento de Antoine. Y una mierda, digo yo.

Hagamos todos como Antoine

Sin desvelar más detalles del argumento, me alegró constantar que el guión no se ceba con los ingenuos ni los castiga. Tan optimista es el final de la peli, que casi me han entrado ganas de presentarme delante de cualquiera de mis ex para soltar yo también eso de "estoy aquí otra vez, te he echado mucho de menos, déjalo todo y vuelve conmigo". Y que se detenga el mundo... Porque "Otros tiempos" demuestra que las historias de amor eterno existen, que los sentimientos son inevitablemente cíclicos y circulares, que es posible echar de menos a alguien toda la vida y que aquéllos que te han olvidado pueden volver a quererte como te quisieron en el pasado...

Ha sido un Jueves Santo tranquilo, sin terremotos, aunque yo no he sido nada santo... He almorzado en el centro con mis padres, que están estos días en Madrid. Mi joven madre ha cumplido hoy cuarenta y nueve años. Quién diría que tiene un viejísimo hijo de veintiocho... También hoy ha sido el cumple de mi amigo Aarón. Felices veintiséis, loco.

Aquí me quedo, repasando mi agenda de ex-rolletes en busca de la persona adecuada a la que explicarle que, al contrario de lo que afirma el título francés de la película ("Les temps qui changent"), los tiempos no cambian tanto... De paso, a ver si consigo atenuar un poco esta repentina sensación que me atosiga y que me dice que, si no lo remedio, hay gente a la que yo también echaré de menos eternamente.

FUNDIDO A NEGRO