|
|
11 Abril 2006
148. Adjetivos. INT./NOCHE

"Hay algo que no me gusta nada en tu forma de escribir", me comentó Tilo en la cena del sábado. "¿El qué?", pregunté con curiosidad. "Tus adjetivos", respondió, "no sólo utilizas muchísimos, sino que casi siempre los colocas delante del sustantivo y provocas una sensación muy petulante y ostentosa". Ah, vale.
Dice Tilo que colocar por defecto los adjetivos delante de los nombres es "propio de escritores principiantes que creen que así aparentarán que escriben mejor". Resumiendo: soy un escritor principiante con ínfulas petulantes y ostentosas. "Prueba a colocar los adjetivos después de los sustantivos y verás qué bonito queda", me aconsejó Tilo. Lo probaré, entrañable amigo. Perdón, amigo entrañable. Je.
Estoy de coña. En absoluto me molesta una crítica como ésta. Tilo es un tío genial, aunque, por una razón o por otra, yo haya tardado en reconocerlo. Hablando de mi tendencia adjetivadora, ahora mismo me pregunto con qué adjetivos podría calificar mi incipiente amistad con él. Así, a bote pronto, se me ocurren unos cuantos: imprevisible, desconcertante, lúcida, risueña, musical, amena, naif, cinematográfica, tensa, reiterativa, cómica, dicharachera, trémula, circular, desafiante, deslavazada, conflictiva, fascinante. Sin duda, he aquí una contradictoria orgía de adjetivos. Ay, he vuelto a escribir el adjetivo antes del sustantivo...
"¿Cuántos amigos tienes?", me preguntó Tilo poco después de conocernos. "¿Amigos de verdad, verdad? Pues pocos, tres, bueno, cuatro", contesté. "¿Yo sería el quinto entonces?", contraatacó. "Puedes verlo así", respondí. "¿Cuántos tienes tú?", pregunté yo. "Más, unos doce, así que tú serías el número trece", aclaró.
Ah, se me olvidaba un adjetivo: nuestra amistad también es casual, muy casual, como la desenfocada gaviota que cruzó el trozo del cielo en el instante en que Tilo fue inmortalizado en la foto de arriba (véase).
En cualquier caso, la más preocupante cuestión es que, con o sin adjetivos, resulta que soy el amigo número trece de Tilo. Debería comenzar a temblar. Menos mal que no soy supersticioso...
FUNDIDO A NEGRO
|
|