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20 Marzo 2006
138. Regresos. EXT./DÍA

El viernes pasado cumplimos con el compromiso cinematográfico inevitable del fin de semana: ver la nueva película de Almodóvar. Fui al cine con Cucún y con Nacho y nos quitamos el muerto de encima a una hora temprana, en la sesión de las 14:30 en UGC Ciné Cité.
A Nacho y a Cuc les resultó un poco raro eso de ir al cine a mediodía, pero yo estoy muy acostumbrado a estos extraños hábitos cinéfilos. En la época en la que acudía a pases de prensa, lo normal era ver pelis a las diez de la mañana o incluso antes a veces. En UGC tienen sesiones a las 12 y a las 14, y además a estas horas las entradas cuestan sólo 4.90 euros, así que Froid y yo hemos convertido esta franja horaria en la ideal para deglutir celuloide bazofia sin excesivo cargo de conciencia y, de vez en cuando, algún que otro título excelente con el que nos topamos sin querer.
Esta vez fue Nacho el que almorzó palomitas. "Es la primera vez que voy contigo al cine para ver una peli que no es 'Vuelco", le dije a Nacho... En cuanto a "Volver", me resultó un tanto indiferente, larga, increíblemente previsible, menos brillantemente interpretada de lo esperado, menos graciosa de lo esperado, mucho menos emotiva de lo esperado... Este párrafo está especialmente destinado a irritar a Tilo, a quien la película le ha parecido más que maravillosa.
Leo las críticas ditirámbicas que estos días se publican sobre "Volver" y alucino un poco. Yo no me emocioné para nada con el retrato que Almodóvar traza en torno a la maternidad, las raíces y la necesidad de regresar al lugar al que uno pertenece. Será que hay que ser madre, manchega y ordinaria para conectar y disfrutar de verdad con la historia, pero, tras media hora de visionado, comencé a desear fervientemente que el final llegara cuanto antes. Ya veis, yo aquí provocando que El Deseo jamás me produzca un largo, pero qué le voy a hacer...
Tras "Volver", Cucún y yo merendamos como señoronas en la cafetería de El Corte Inglés (arriba, en la foto, Cuc después de engullir tortitas con nata) y luego visitamos a Pablo en el Daily Price en el que curra. Y Pablo y Cucún finalmente se conocieron... Abajo, Cuc y parte de mi cabeza en un desenfocado instante.

Con Pablo vi el jueves, en un preestreno, "La verdad oculta (Proof)", que sí me encandiló en grado sumo y que, al fin y al cabo, habla, al igual que "Volver", de las a menudo tormentosas relaciones entre padres e hijos. En "Proof", Gwyneth Paltrow interpreta a la hija de un prestigioso matemático al que se le ha ido la pinza... Y el personaje de Gwyneth debe luchar contra aquéllos que piensan que ella también está pirada.
"Creo que has heredado de papá su tendencia a la inestabilidad", le dice a Gwyneth su odiosa hermana, encarnada por la poco fotogénica Hope Davis. Acabo de recordar que el otro día Cucún le contó a su amiga Mónica que cree que estoy trastornado... Abajo, Pablo antes de que él y yo compartiéramos un deforme bocadillo de bacon y queso de cabra.

"Proof" es una adaptación de una célebre obra teatral y este aspecto se hace notar en demasiados momentos, pero la peli cautiva con la emoción que destilan sus interpretaciones (a pesar de que la pose de buen actor de Anthony Hopkins ya cansa mucho), con la elegancia de su puesta en escena, con la música de Stephen Warbeck, con el rollo matemático que envuelve todo... Vamos, que sales del cine con ganas de irte a casa a resolver ecuaciones e integrales.
Me resultó muy fácil empatizar con muchos de los temas explícitos e implícitos en el argumento de "Proof": el miedo al declive de la mente, el desasosiego de sentir que estás a la sombra de alguien que siempre será mejor que tú, la asfixiante necesidad de crear algo importante a ojos de los demás en algún momento de tu existencia, la aplastante presión de la edad... El personaje de Gwyneth cumple veintisiete años cuando arranca la película. "A tu edad yo ya había publicado mi mejor trabajo", le reprocha su padre. Dentro de una semanas, yo cumplo veintiocho... Me he puesto de muy mal humor de repente.

Retomando el evocador título de Almodóvar, que es el título de un famoso tango versionado para la peli por Estrella Morente (me gusta más la versión de Martirio), estos días sí que tengo la sensación de que, en mi vida, también hay gente que vuelve, que regresa de todas las formas en que es posible volver al punto de partida: Cucún, Gara, Pablo e incluso Froid.
Con Froid he ido a ver recientemente dos supuestos buenos filmes: "Orgullo y prejuicio" (que sólo nos sirvió para llegar a la conclusión de que, en realidad, Keira Knightley es fea) y "Syriana" (cansina y, aún así, interesante), pero de esto hablaré otro día, que Froid siempre es un tema aparte...
FUNDIDO A NEGRO
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